17 diciembre 2012

Solidaridad mercantilizada



Tener un medio de comunicación en las Islas Canarias es un auténtico chollo no sólo porque ha servido a muchos empresarios para que cuadren con ingeniería financiera los números de sus empresas, que se lo pregunten al amigo de Paulino Rivero Miguel Concepción, sino porque sirve como un escudo para que no te ataquen como decía Amid Achid en Radio Club Tenerife, la emisora oficial de ATI, ante el peloteo repúgnate de periodistas apesebrados como Carmelo Rivero. Eso lo tiene claro hasta César Rodríguez Pláceres con su Radio San Borondón, que se autodefine como La Voz del Pueblo, pero que no es más que un instrumento en su entramado empresarial con el que vive siempre en una constante intriga, reparte parabienes y decide quién es progresista y quién es de la siniestrona aunque el único logro que se le conoce es haber partido en varios trozos a la izquierda de Tenerife y ponerlos a pelear entre ellos. En el día en el que sale un nuevo El Día que, aunque la mona se vista de seda, tiene aspiración a renovarse la portada es para el viejo falangista reconvertido a independentista, resentido como nadie con la isla de Gran Canaria como es José Rodríguez, con una entrevista en la que declara que El Día no depende de constructores o plataneros cuando hemos visto que multinacionales sin competencia real en las islas como Unelco Endesa se han gastado lo que no está escrito en publicidad inútil en este periódico para eliminar posibles críticas como mismo hace ahora Repsol en Canarias 7 o en La Provincia para que no le chafen las prospecciones petrolíferas frente a Fuerteventura y Lanzarote. Laboralmente, además, también es un chollo tener una empresa de comunicación en las islas porque ya sabemos lo mal que cobran los periodistas con titulación universitaria en este tipo de medios con sueldos miserables en contraste a la vida que se gastan personajes como Andrés Chaves, Jorge Vargas, José Carlos Marrero o Manuel Artiles los que presumen de vivir del periodismo cuando el oficio de éstos es hacer otra cosa.

Precisamente en torno a Manuel Artiles, muchos le conocen como un moroso solidario por sus telemaratones y en internet se muestra que tiene fama de abrir empresas fantasma y salir corriendo a la primera de cambio dejando a sus trabajadores colgados, es el personaje en torno al que se me ha ocurrido hacer esta reflexión pues su forma de entender la solidaridad, amenazando a aquellos que no quieran pasar por la caja de su programa, es cuando menos anómala y rayana en la complacencia hipócrita de dar limosna a los pobres como acto de caridad ignorando la justicia social por completo. Si Manuel Artiles quiere hacer negocio con la miseria humana, como es el caso del último telemaratón de Mírame TV celebrado en la Plaza de La Concepción de La Laguna el 15 de diciembre, nunca se acabará de entender por qué no arriesga su propio dinero y tiene que implicar a instituciones como el Cabildo de Tenerife, ayuntamientos como el de La Laguna, el Parlamento o el Gobierno de Canarias que son financiadas por la ciudadanía y que tienen la obligación social y el imperativo legal de canalizar estas ayudas no sólo de una manera más discreta sino efectiva. Que sindicatos vendidos como UGT se presten a este acto tan repugnante es para ponerse a pensar pero que lo hagan, además, partidos políticos, y no me refiero al trile PP, PSOE, CC que con esos ya perdimos hace mucho la esperanza, sino otros declarados como la izquierda auténtica y no se rebelan contra esta situación sino que hasta participan en este programa de telebasura, como sabemos que ha sucedido en otras ediciones, causa bastante repugnancia y viene a demostrar que el sistema de partidos, tal y como lo hemos conocido, no sólo no está agotado sino que es la principal fuente de nuestros problemas. La respuesta a todo ello la tiene, de nuevo, el axioma proferido por Amid Achid en la citada entrevista: a Manuel Artiles, al que se sabe que es capaz de usar su televisión en contra de sus enemigos y si no que se lo digan a Enrique Hernández, es mejor tenerlo a buenas sobre todos desde partidos de la izquierda alternativa nombrados más arriba y que hace tiempo perdieron el norte pues sus cálculos, una vez rozadas las instituciones, son meramente electorales. Pocas veces viendo el telemaratón de Artiles había sentido tanta repugnancia de ser humano pero también de haber participado alguna vez en esta farsa llamada sistema ceremonial democrático. No había necesidad alguna de convertir un acto de solidaridad, el Banco Alimentos no debe estar para estas campañas publicitarias máxime cuando se sabe que ha atravesado por ciertos problemas, en un programa de televisión exhibiendo comida que ha estado todo el día expuesta al sol sin necesidad alguna para luego recoger ésta y llevarla hasta el lugar donde se va a repartir a posteriori. Este acto, al menos desde el punto de vista logístico, es bastante criticable y no digamos desde un punto de vista ético. Una ética ausente, como se sabe desde hace tiempo, no sólo desde la organización de este evento sino de las instituciones, asociaciones y partidos que han participado en él.
Hubo un momento en el que las instituciones públicas, y los ciudadanos por pasiva, cedieron a supuestas ONG como Cruz Roja, Cáritas, Aldeas Infantiles o Intermón la gestión de la solidaridad y de los deberes que las instituciones públicas tienen por ley y que no es otro que el imperativo prevenir y evitar las desigualdades sociales. En ese momento la miseria se volvió negocio para estos organismos y ha acabado por permanecer de manera crónica en nuestra sociedad y hasta nos ha llegado a parecer algo inexorable ya que como siempre ha estado ahí debe permanecer y los más que podemos hacer los ciudadanos son actos de caridad para limpiarnos nuestras consciencias. El pensamiento hipócrita del judeocristianismo junto con la ideología de la clase dominante siempre han necesitado de pobres no sólo porque la miseria les hace más grandes sino porque es buena fuente de negocio. Esta sociedad ha entregado a presuntas mafias con la Cruz Roja la gestión de los inmigrantes, a Cáritas la del hambre, a Aldeas Infantiles e infinidad de pseudo ONG la de los menores en situación de riesgo o a Intermón la cooperación. Esto jamás tuvo que haber sucedido y un gobierno que se declara inútil para gestionar este tipo de cuestiones nunca debió de haberse constituido. Ahora estamos en un momento muy grave donde la ideología dominante está entregando la sanidad y la educación a manos del mercado, o sea de las formas de negocio más puras, y resulta muy difícil echar la vista atrás para que este tipo acciones sociales sean, de nuevo, recuperadas por la ciudadanía.
Este año 2013 que comienza será en año de la deuda externa más grande que jamás ha tenido España pues deberemos al mundo más de un billón de euros que es casi tanto como el PIB completo de todo el país. Está claro que la pobreza, la marginación de los inmigrantes los menores en riesgo de marginación, las mujeres maltratadas y todo este tipo de lacras sociales evitables con el trabajo y el compromiso de la sociedad entera irán en aumento y el negocio privado que este tipo de cosas producen serán el mayor de la historia. La solución no es fácil pero se puede enunciar en pocas palabras: arrebatar la gestión y los recursos de este tipo de marginalidad a las empresas mal llamadas ONG que hacen negocio de la miseria y volcar a la sociedad en la defensa de los derechos de la ciudadanía al completo porque, lo que ahora impera, no es más que el parcheo de las situaciones que tan miserables hacen esta sociedad egoísta e individualista donde impera la limosna y no la justicia social. Como este tipo de cosas no va a pasar el fenómeno de los telemaratones solidarios como los de Artiles cada año en La Laguna serán moneda corriente de cambio, el lucro de unos cuantos y la vergüenza para nuestra sociedad.
Canarias 24 Horas, 17 de diciembre de 2012.