30 junio 2013

Alabanza a Nelson Mandela


Firma de Nelson Mandela de los archivos de Mandela Fundation. Archivo no sujeto a las normas del Copyright, por tanto de Dominio Público, al ser información de carácter común sin autoría reivindicada.

En un mundo en el que la más absoluta de las mediocridades y miserias humanas se extiende por la mayoría de las cancillerías y gobiernos del planeta la figura de Nelson Mandela brilla con una intensidad inigualable a pesar que su vida, mientras escribo estas líneas, se puede apagar en cualquier momento. Impresentables como el tristemente supervalorado Obama, no sólo no ha podido cerrar la prisión ilegal de Guantánamo sino que nos enteramos a cuenta gotas de la manera que dirige la mayor agencia de chismosos del mundo como es la CIA que ha estado espiando sin control alguno las telecomunicaciones mundiales, que en un viaje a Sudáfrica ha ido a decir que Madiba es su inspiración particular lo cual es un insulto al líder sudafricano por parte de alguien que, a nariz destapada, ha seguido sin inmutarse muchas políticas de Bush y de la ultraderecha norteamericana por lo que se viene a demostrar que el nombre de la Casa Blanca no es un mero juego de palabras sino una realidad que parece inmutable.
Nelson Mandela lideró un cambio pacífico, que no tranquilo pues también hubieron muertes por el camino, de un régimen racista fundado por europeos en el Sur de África con el Apartheid reconocido por sus leyes a uno más decente donde la igualdad, por lo menos de derecho, acabó imponiéndose de manera terca pero efectiva. Lo hizo tras haber pasado 27 años de su vida en una cárcel racista, eso es casi un tercio de los 95 años que ha vivido, olvidando todo rencor hacia los que lo tuvieron preso y, lo más importante, liderando un proceso colectivo hacia la emancipación, al que sin duda acabó interponiendo a sus razones de tipo personal, y con el que se frenó un inmenso derramamiento de sangre que en dicho proceso llegó a parecer inevitable en algún momento. Para hacer esto hay que ser, como ha sido Mandela, una persona completamente fuera de lo común con un exquisito sentido de la justicia y la inmensa cultura que este hombre ha cultivado en su vida sobre todo en los años de la injusta reclusión que sufrió. Los cambios sociales siempre se dan entre los colectivos pero es inevitable que se establezcan puntos de liderazgo y es por ello que si en este mundo, ya digo que la calidad del la casta dirigente mundial brilla por su ausencia, hubiera más Mandelas el mundo sería infinitamente mejor.
El mandato de Nelson en la República de Sudáfrica, el primero de un presidente verdaderamente democrático elegido por la totalidad de la población, negros y blancos, abarcó desde 1994 hasta 1999 pese a que muchos de su entorno animaban al expresidente a presentarse a la reelección que, sin duda, en el mayor estado de su popularidad hubiera tenido más que asegurada. Si embargo Madiba prefirió ceder el testigo y retirarse a vivir, de manera sencilla, en la tribu de la que era originario. Este es un rasgo de humildad que no ya sólo no se da a día de hoy entre la clase dirigente, unos ineptos que buscan medrar en lo personal y otros que son claramente corruptos y que buscan salvaguardar los intereses de la clase a la que representan, sino también de mucha gente que vemos todos los días en nuestro entorno y que tienen una pequeña capacidad de influencia. Sin duda muchas veces nos quejamos de las actitudes reprochables de la gente que nos gobierna, en las distintas escalas hasta las que somos capaces de llegar a percibir, pero no nos fijamos de las de nosotros mismos porque nos creemos eternos y que nuestra forma de existencia va a ser perpetua cuando, como estamos viendo con esta luz que se apaga, somos sólo parte de una cadena en la que tenemos más o menos protagonismo durante nuestra vida. Acostumbrados a ver como los criminales, asesinos, tiranos y dictadores de toda calaña se acaban saliendo con la suya y mueren de manera pacífica en la cama el hecho de la muerte de Nelson Mandela en un hospital de Pretoria rodeado de sus familia acaba, en cierta manera, por reconfortar ya que dentro de lo inevitable que es la muerte siempre nos agrada más una que sea lo más dulce posible para las personas que queremos o que, en este caso, consideramos excepcionales.

Este texto quiere ser un pequeño homenaje precipitado a esta gran persona que a estas hora se nos está marchando pacíficamente ahora que aún sigue con vida y no a posteriori cuando todo son elogios para el que ha muerto. Viendo la gran categoría humana a la que nos enfrentamos con Nelson Mandela todas las grande cosas que se digan de él serán no sólo merecidas sino que, probablemente, hasta se queden cortas. Reciba usted todos mis respetos, señor Mandela.