29 abril 2017

Podemos y la moción de censura

Juan Ignacio Delgado, alias Ignatius Farray, votando por primera vez en su vida el 20 de diciembre de 2015. Viste una guayabera,  en la mano izquierda porta una arepa y en la derecha un sobre con una papeleta dentro con la vaina esa de Podemos. Fuente: Facebook

Como bien dice Ignatius Farray soy Canario y que gobierne Podemos no me asusta porque ya sé qué es vivir como se pudiera vivir en Venezuela. Un inciso, es completamente desconcertante que este gran humorista haya hecho más en su carrera particular sin cobran un céntimo público para que se conozca fuera de las islas la idiosincrasia canaria a través de su forma satírica de ver el mundo, ahí están las luchadas de Pollito de Troya contra El Godo de sus espectáculos, que todos los gobiernos de Canarias juntos que se han gastado millones de euros en promoción llegando hasta tener una sede en Madrid que no era otra cosa que una forma de mantener enchufados y dilapidar el dinero de nuestros impuestos. Le debemos mucho aunque en las islas hay gente que lo odie porque se fue de Canarias o porque se ríe, para mi en buena hora, de nuestra forma de ser. Pero esto es otro tema, sigamos con Podemos.

He dicho hasta la tenacidad que creo que el sistema está tan podrido que si entras a formar parte de éste acabas siendo lo que criticas, por eso creo que la buena voluntad de esta formación duró pocos meses hasta que empezaron a acaparar poder y los corruptos se hicieron fuertes en sus filas. El caso extremo es Podemos en Tenerife, formado por Macetas, Panchos Villas y frustrados que llevaban años intentando enchufarse a las instituciones pero que ha medrado gracias a la desgracia de muchos que ha permitido la existencia de este partido. Es un proceso que no es exclusivo de Podemos sino del poder en general, a Max Weber me remito. Por eso digo que si el cambio viene se habrá de hacer completamente fuera de las instituciones podridas. No les acuso por ello sino que me sonrío de sus bases, que curran para mantener a sus dirigentes, por ingenuos. Esto tampoco es nuevo. Sin embargo, de todo lo malo que hemos oído estos años la moción de censura propuesta contra Rajoy de Podemos es lo menos descabellado de todo y tiene una lógica aplastante detrás de ella.


Mi sorpresa, ya me queda poca capacidad, es que deben estar metidos en la puta mierda los demás partidos, PSOE y Ciudagrqamos, que prefieren un gobierno de un mafioso que dirige una banda organizada criminal, como el PP que debería estar ilegalizado por la misma ley de partidos que aprobó, que un gobierno de salvación nacional con el resto de fuerzas políticas. Seamos realistas, esto es un dictado de la banca, los poderes económicos del IBEX y los medios a los que estos partidos están completamente sometidos. Muy podrido tiene que estar el sistema y nosotros mismos para que veamos normal que un delincuente, pendiente de ir a declarar en juicios, como Rajoy siga gobernando cuando éste va al extranjero, a Uruguay como en estos días, y se le increpa mientras en España se le rinden honores, tiene escolta y es tratado como una persona decente y no como un ladrón. Ya lo he dicho, un gobierno estilo Venezuela no me da miedo por mi experiencia canaria y porque hemos superado a este país en lo peor pero, miserablemente, nos permitimos darles lecciones de democracia desde este sistema completamente podrido. ¡A la mierda, país de fascistas!

25 enero 2017

“Croacia, el país de las ranas”


Sin que tenga que explicar el por qué o qué hago allí, en el lugar donde paso gran parte de las mañanas hay, entre muchas chicas y chicos, una adolescente de ascendencia Croata pero con habla canariona. Su madre y su abuela huyeron en los noventa de la guerra de los Balcanes porque los serbios estaban masacrando a su etnia, arribaron a Barcelona, la madre conoció a un señor alemán con el que tuvo a esta chica y acabaron viviendo en Canarias. La adolescente es como todas las chicas de su edad a pesar de su ascendencia y su mezcla extraña pues su historia produce alegría porque la gente se siga mezclando, como en la prehistoria, en este siglo de fronteras: con las hormonas a flor de piel, emocionalmente explosiva, pesada y que busca en ciertos adultos de referencia explicaciones interesadas de lo que es la vida pero sobre todo una manera de reafirmarse. Llevaba toda la mañana siguiéndome para que le diera un euro, me pilló en la cafetería y la invité a unas pipas peladas para que se callara mientras yo desayunaba. No se si fue porque se comió uno de los paquetes de golpe pero, de repente, empezó a hablar seria. Me contó que su padre alemán se fue cuando ella era muy pequeña, que le prometió volver, que le escribió un par de correos pero que, de repente, éstos dejaron de llegar. Me dijo que no sabía si estaba vivo o muerto y, esto me partió el corazón, que a veces se sentía muy triste porque la había abandonado.


Llevaba un rato gastándole bromas pesadas para que se fuera y me dejara tranquilo porque quería estar el rato de mi desayuno solo. Sin embargo, acabé escuchándola y dejándola hablar. A veces los adolescentes necesitan de los mayores sólo una cosa: que los escuchen. Estaba media mala, de esas enfermedades psicosomáticas que les dan a los chicos y chicas para no hacer nada pero que se les quitan cuando creen que nadie los está viendo, y estaba esperando a su abuela. Al rato vimos a la señora. Un metro ochenta, más de setenta años, ojos brillantes y oscuros, unos dientes que ya no eran suyos, la cara arrugada tatuada de sufrimiento pero con una sonrisa muy agradable todo el rato. Chapurreaba el español. Mientras hablaba conmigo no dejaba de acariciar y besar a su nieta. Me dio un escalofrío, nunca había hablando con un testigo tan directo de una guerra que en su momento seguí por la prensa escrita, la radio y la televisión. Por supuesto, hablábamos de generalidades y de cómo era su nieta. La niña cambió por completo, ya no era una adolescente desatada sino una chica que se dejaba querer por su abuela. La primera vez que hablé con ella le hice un chiste rápido: cuando me dijo su nombre le pregunté que de dónde era y me dijo de Croacia. Yo le contesté rápidamente que del país de las ranas. Tardó en pillar el chiste, no se lo esperaba, pero estuvo un rato riéndose sola. Quizá por eso me ha cogido cierta referencia, no lo sé. Otra forma de ganarte a los adolescentes: hacerlos reír en su terreno.

Salieron por la puerta nieta y abuela, dos generaciones muy diferentes: una sufrió una guerra atroz que nos recordó al nazismo y otra se enfrentará a un mundo completamente distinto al que hemos vivido estos sesenta años de democracia ceremonial liberal que ya han tocado a su fin. Quién sabe si ahora el nazismo vuelve. Iban abrazadas y las miraba marcharse. La niña me miró y me dijo en croata mi i dalje vidjeti, nos seguimos viendo según ella me contó y luego me tradujo Google porque sería incapaz de repetir lo que ella dijo. Yo le contesté en inglés y la abuela siguió hablando en este idioma. La mujer se expresaba mejor en él que en español y probablemente nos hubiéramos entendido desde el principio mejor así. Me fui a mis cosas pero he tenido todo el día estas imágenes en mi cabeza y tenía que plasmarlas.


Si quieres leer un texto emotivo no leas a partir de aquí porque va a dejar de serlo. Quiero interpelar, de pasada, a todos aquellos hijos de puta que han pasado por mi vida para restar. Aquellos traidores políticos, traidores de amistad, traidores de una lealtad que nunca le doy a cualquiera y traidores porque fueron interesados hasta que les dejé de servir como machanguito o porque dejaron de aguantarme lo que al principio me soportaban por interés y que, como excusa a su traición, decían que fui yo el que cambié cuando siempre he conservado mi esencia. Soy más fuerte de lo que creen y el contacto con adolescentes, como esta chica que durante más días me hará sentir que es una pesada porque está en edad de eso, me hacen mejor persona, cosa que nunca éstos serán por sus miserias. En el fondo me importan un pedo pero que lo sepan: estos momentos me llenan más que todo el tiempo que pretendieron ser cercanos a mi. Tengo mucha suerte.