14 enero 2013

Sin vergüenza



En estos tiempo poco espacio hay para el elogio pero a veces hay que hacer una excepción con la que se confirma la regla. Nada más empezar el año, el 3 de enero, Margarita Ramos dimitió como Consejera de Trabajo de Canarias y volvió a su puesto de profesora en la Facultad de Económicas de la Universidad de La Laguna dejando, a más de uno, con tres palmos de narices. Aunque no fuera afiliada al PSOE su cargo se debía a los efectos del pacto de este partido con CC por su perfil de persona honrada, implicada y trabajadora. La verdad es que por su labor como Consejera de Trabajo no puede presumir de cifras positivas con el empleo en Canarias no sólo porque esta crisis que padecemos se está tragando todo sino porque en tiempos de bonanza y de la burbuja del cemento Canarias tenía la mayor tasa de parados de España con casi un veinte por ciento de su población activa. Margarita Ramos conjugó el verbo dimitir en primera persona y supo ser consecuente consigo misma y con buena parte de esta sociedad: se fue sin escándalos pero de una manera contundente porque, creo que debe pensar, que para hacer bien las cosas no sólo vale desearlo, Rivero lleva prometiendo de distintas formas 80.000 puestos de trabajo desde 2010, sino trabajar por ello y con las condiciones en las que se ha quedado su consejería debe ser lo más parecido a un cachondeo. Otra persona con menos escrúpulos hubiera aguantado el tipo soslayando las críticas sin vergüenza alguna y seguiría medrando en consejerías y direcciones generales para ganarse una jubilación de lujo pero, como no puede ser de otra manera, para Margarita esto no vale. En contraste su sucesora, una trepa como Francisca Luengo, ha ocupado su puesto y parece que está ahora en un idilio con Paulino Rivero, será por la orgía de los 80.000 empleos, a pesar de que en 2009 a Luengo le provocaba nauseas que Rivero hiciera campaña electoral cogiendo niñitos entre sus brazos.
Actitudes de este tipo no pasan todos los días y esta semana, mediáticamente hablando, hemos visto actitudes de todo tipo en las que la falta de vergüenza son la tónica general. Al nepotismo del fichaje de Rato por Telefónica le ha sucedido el del pijo de Juan Francisco Güemes, el marido de la otra pija Andrea Fabra hija del mayor ganador de lotería de la historia que piensa que los parados son un mal que desluce a su partido, que, en plena orgía privatizadora de la sanidad de Madrid, su empresa pasa a controlar los análisis clínicos de esta comunidad autónoma pese a que él mismo haya sido el que privatizó estos servicios hacia 2010 siendo consejero de la sanidad de Madrir. Que no sea ilegal este pelotazo de un imputado como Rodrigo Rato en Telefónica o que Güemes pase a controlar un servicio que el mismo regaló a sus amigos no quiere decir que estos casos no sean moralmente reprobables. Como sabemos la moral la tenemos unos cuantos pringados mientras esa casta que se enriquece un día sí y otro también de nuestro trabajo, la de los políticos, encuentran puertas giratorias que comunican sus antiguos puestos públicos con las empresas privadas que los contratan por haber trabajado en lo público en su momento. El paradigma de esto es Elena Salgado, la ministra de economía de Zapatero que en su completa ineptitud metió a España en el pozo en el que nos encontramos, pero que no tuvo ningún reparo, ni parece que habían leyes ni mucho menos ética para impedírselo, que fichara justo a los 4 meses, cuatro, de haber dejado su cargo de ministra para Abertis pese a que su decisiones en el gobierno afectaron directamente a esta empresa dedicada a las infraestructuras. Un supuesto artista chino se come cadáveres de bebés muertos en sus espectáculos por el país porque, entre otras cosas, el canibalismo no está ni perseguido ni penado en China y lo que hace es algo completamente legal en su país aunque a muchos se nos pongan los pelos de punta simplemente con imaginarlos tales cosas. En occidente, en principio, nadie se come a los niños pero la casta de zánganos políticos que llevamos casi cuarenta años alimentando se comen todo: nuestros impuestos, nuestras esperanzas y hasta el estado mismo a pesar que no creen en él pero se dan un festín privatizando primero las grandes empresas que ya no serán públicas en mucho tiempo y ahora la sanidad y la educación para regalárselas a sus amigos empresarios.
Esta semana, además, se ha acrecentado la corrupción existente en todas y cada una de las instituciones supuestamente democráticas de un estado, como el español, que cada vez se parece más a un establo. El Caso Urdangarín, bien es verdad que como una estrategia de defensa del exsocio del yerno del rey Diego Torres, toca cada vez más a la Corona y estos días hemos visto una serie de correos electrónicos que tratan de implicar al Borbón sacando a relucir el nombre de la amante de éste, Corinna Sayn-Wittgenstein. A su vez los jueces, y la justicia en general, nos han dado una prueba contundente de que los ciudadanos no podemos confiar en ésta, en todo caso los jueces son una parte más del problema pues comparten una serie de privilegios con la casta política a los que no están dispuestos a renunciar, pues el homicida Ángel Carromero pasa el fin de semana en libertad en su casa puesto que un juez ha decidido apresurar su tercer grado penitenciario de una manera completamente record. Pueden ser centenares, incluso miles, los presos que cumplen condena en cárceles de Marruecos y muchos otros países del Sur de América, probablemente con peores garantías en derechos humanos y procesales que en Cuba donde Carromero mató a los dos disidentes en un accidente de tráfico, y su caso ha sido fulminantemente veloz a pesar de que muchos de estos presos cumplen también las condiciones que este cachorro del PP para regresar a España. Aún así los distintos gobiernos, primero del PSOE y ahora del PP, han hecho una mierda para que vengan a España a cumplir su condena como hace ahora este tipo. Lo más repugnante es que a pesar de haber seis millones de parados le ha salido un trabajo en el ayuntamiento de Ana Botella por el que, encima, cobrará 50414 euros al año. Por mucha voluntad política que haya habido para salvarle el culo a este niñato, el PP da por los suyos todo lo que haga falta, ahora Carromero no estaría disfrutando de un tercer grado si no fuera un juez el que haya firmado este privilegio y el que ha dejado a un homicida suelto en la calle sin cumplir condena mientras muchos pringados se pudren en la cárcel por delitos más leves que el suyo y que no han quitado la vida de nadie. Si quieren que Carromero sea útil a esta sociedad lo mejor que le pueden hacer es darle un puesto en el parque móvil del PP o mejor aún en los de los ministerios del Gobierno de España.

Para ahondar en el fracaso social y político que significa la justica para nuestra sociedad ahí está el Caso Pallerols en la que, nada más y nada menos, dos instructores estuvieron la friolera de 16 años para instruir el caso de la financiación ilegal de Unió Democràtica de Catalunya, le robaban el dinero a los parados para financiar su partido en unos cursos financiados por la UE que nunca se celebraron, y al final esta semana se ha cerrado el caso con un acuerdo extra judicial que reconoce completamente la corrupción existente. Como no podía ser de otra manera Josep Antoni Duran i Lleida, que comprometió su sucesión en el partido al resultado de este caso, dice que a él no le da la puta gana de dimitir, que el caso ya está cerrado en otro lugar y que, con dos testículos muy grandes, sigue en su cargo demostrando ser un cara dura y un sin vergüenza. 
Yo era de los gilipollas que ya se quejaban de todo este sistema en la etapa de bonanza porque, de una manera u otra, suponía que la situación a la que nos estamos enfrentando ahora era la necesaria que se podía derivar de aquellos fastos en los que, mal que nos pese ahora, estábamos viviendo. Acostumbrado a estar siempre en un cierto estado de escándalo lo que estamos viviendo ahora, con tanta corrupción aflorando, con una casta política en puro cuestionamiento y con la Corona en el punto de mira, no es nada nuevo sino que la orgía inmobiliaria en la que estábamos inmersos se ocupaba de esconder. Lo que ahora sucede es que la opinión pública, sobre todo la mediática buscando hacer negocio con todo ello, está a la que salta con todo lo que pasa, un poco de deseo de justicia y mucho rencor manejan esta opinión a mi entender, y ya es más difícil esconder las barbaridades que se tapaban en plena orgía de la burbuja inmobiliaria que, en cierto modo, nos hizo creer que éramos ricos. No creo que esta furia, que tiene todos los visos de ser temporal, vaya a poder perfilar la solución a nuestros males. Se necesitan soluciones más radicales que supongan el derribo de las actuales clases dirigentes y dominantes que las pongan en su sitio, la cárcel como mínino, porque si no volverá a pasar lo mismo y este ciclos tan terrible que estamos viviendo se volverá a repetir en un futuro tras una bonanza de unos años.
Canarias 24 Horas, 14 de enero de 2013.