17 diciembre 2006

UN TRANVÍA LLAMADO SAQUEO



En el último puente de la constitución un amigo, uno de los pocos contrarios al tranvía que construye el cabildo de Tenerife para hipotecar a los tinerfeños durante 40 años antes de que se pusiera el primer rail, fue de viaje a Sevilla. No sólo siempre ha mantenido la sospecha de que esto puede que sea un chapucero sistema de transporte entre Santa Cruz y La Laguna sino que también evita las aerolíneas de bajos coste tipo Air Madrid que dejará en tierra a 135.000 personas en su mayoría inmigrantes, aunque podrían ser el doble, por ser una empresa creada para jugar con el dinero de las persona y a las que Fomento, a través de AENA, socorrerá en la medida de lo posible con una inyección de dinero público de 6,5 millones de euros. Hay empresarios que demuestran ser más ultraliberales que Adam Smith pues son los primeros en protestar cuando los estados hacen leyes que recogen sistemas de protección social porque afirman que las reglas del mercado lo pueden todo aunque después, cuando montan chirigüitos con alas como éste, se quitan el muerto de encima y se lo endosan a los gobiernos, o sea, al contribuyente que es el que los financia. Bien, el compañero de allí no me trajo ningún regalo folklórico típico ni ningún sombrero gitano sino una cosa que para mí es algo muy iluminador: un folleto de la peatonalización y reurbanización del centro de la ciudad de Sevilla. Esta transformación incluye la introducción de un tranvía que allí se llamará Metro Ciudad.

Sevilla y la densa área metropolitana de Santa Cruz y La Laguna son dos lugares completamente distintos, de eso no hay duda. Nunca se nos ocurriría desde estas islas crear políticas para necesidades específicas de aquella ciudad andaluza como desde allí nadie en su sano juicio haría un proyecto para aplicar en nuestro territorio. Estas cosas se hacen en realidad desde lugares menos inocentes, si cabe, que la alcaldía de Santa Cruz de la que depende la Playa de Las Teresitas. En Bruselas el fenómeno de los grupos de presión que actúan en favor de las grandes corporaciones industriales del mundo es un valor en alza. Ellos tienen mucho que ver, para ampliar mercados, en los últimos procesos de reunificación europea y muy probablemente del intento de que un país como Turquía, con grandes problemas de represión social, presos políticos en sus cárceles y pena de muerte, lo que demuestra que la Unión Europea es un más bien un entramado de intereses económicos que otra cosa. No hay más que ver el salvaje perfil neoliberal de la comatosa constitución europea y que Zapatero quiere reactivar estas semanas. En la capital europea existen más de 5.000 lobbistas acreditados que se mueven a sus anchas por el parlamento europeo y que representan los intereses de las grandes corporaciones industriales mundiales. José Carlos Mauricio sabe muy bien de esto cuando hace meses hablaba de utilizar grupos de presión comunitarios para sacar adelante el puerto de Granadilla. El documento con el que Bruselas resuelve que el puerto creará enormes problemas medioambientales pero que su construcción es imprescindible por razones de imperiosa necesidad social es una oda al despropósito del funcionamiento nada democrático de estos grupos.

Mirando el folleto del Metro Ciudad en Sevilla las similitudes de la legitimación de aquel proyecto y del tranvía en Tenerife son tan descaradas que van más allá de un simple deja vù. En aquél se hace una referencia muy destacada a que las obras van a ocasionar trastornos pero que éstos, cuando se finalicen los trabajos, habrán valido la pena porque con ello se logrará una ciudad más agradable para los ciudadanos. Nosotros nos acordamos perfectamente de aquella campaña que inicio la publicidad del tranvía de Tenerife, que hace mucho tiempo se cepilló los 12 millones de euros previsto en propaganda para callar las críticas de los medios, de la barriga de una mujer embarazada y que afirmaba que hay molestias que después de un tiempo habrán valido la pena. La mayoría de las veces, en este mundo intensamente mercantilizado, las obras públicas no son realmente necesarias para la gente corriente sino para que las grandes multinacionales sigan ganando mucho dinero proveniente de las arcas públicas a costa del trabajo de los contribuyentes que son los que producen este goloso capital. A nadie le han preguntado si realmente quieren que esas obras interfieran en sus vidas y causen los trastornos que nos causan. Las grandes corporaciones que están ligadas a la economía se caracterizan por una cosa: detestan que la gente se exprese real y libremente y por eso huyen de la democracia. Son las que inventan una solución ─el puerto de Granadilla─ para luego inventar un problema ─la falsa saturación del puerto de Santa Cruz y el eje transcontinental de Adán y de los cojones─.

En Sevilla se da mucha importancia a las especies de árboles que se transplantan, se replantan o se plantan por primera vez sobre todo en la Plaza Nueva que está justo en el centro de la ciudad. En Tenerife la publicidad pormenorizaba al detalle la relación de árboles en el trazado del tranvía y se daba finalmente un saldo muy positivo. Ben Magec Ecologistas en Acción documentó fotográficamente que muchos árboles que se encontraban en este recorrido habían sido talados sin más aunque se les había puesto un cartel en el que se afirmaba que habían sido transplantados cuando se podía ver todavía el tronco cortado y aún enterrado a ras del suelo. Luego en el mismo folleto se hace especial énfasis en que el tranvía es el medio de transporte del siglo XXI, que es capaz de una sostenibilidad intrínseca debido a la baja emisión de humos y a la limpieza energética y que por todo ello se deriva una nueva e importante calidad de vida. La guinda a todo esto es la página dedicada a las ciudades que en los últimos años también han incorporado un sistema tranviario al núcleo de sus cascos urbanos: Burdeos, Bilbao, Linz, Bruselas, Barcelona y Ginebra. Faltaba nombrar a París que en estos días ha inaugurado un tranvía, después de que de allí desaparecieran hace 69 años, que va desde los suburbios de esta ciudad hasta el centro y en el que se han invertido 312 millones de euros. En fin, todo esto a los que llevamos soportando dos años y medio largos de obras del tranvía del cabildo de Tenerife no nos suena nada nuevo y original sino todo lo contrario. Ya sabemos que estas consignas han sido creadas desde grupos de presión y agencias publicitarias favorables al revival de los tranvías que amparan a compañías como Siemens, Alstom y demás instaladoras de infraestructura tranviaria. El colmo de las coincidencias es que hasta las infografías y las tramas de los suelos en las recreaciones hechas, con un programa tipo autocad, de cómo va a quedar el trazado de la línea del tren ligero sevillano se parecen completamente a las que han aparecido en los folletos del proyecto de Tenerife.

Ni en Sevilla, ni en París ni en el eje Santa Cruz Laguna la instalación del tranvía es la panacea a todos los problemas de transporte. En 25 años de autonomía los dirigentes políticos en Canarias, especialmente ATI y coalición canaria desde los ayuntamientos del área metropolitana y del cabildo insular en los que han estado una década larga, han hecho absolutamente nada para solucionar el problema del tráfico en la isla. Problema que está muy unido al modelo de desarrollo impuesto en las islas por la burguesía bananera y coalicionera. Un asunto tan estructural como es este, que pasaría por la educación y la concienciación de la ciudadanía, la penalización del trasporte privado y llegaría hasta la gratuidad del transporte público, no se va a solucionar con la entrada en funcionamiento del tranvía de Tenerife sobre todo cuando los servicios de guaguas en la isla son subdesarrollados porque nunca ha habido voluntad de que sean dignos y de calidad porque siempre se ha potenciado el uso del vehículo privado y la proliferación de carreteras con lo que de pelotazo y recalificación urbanísticas de conllevan estas infraestructuras. Ricardo Melchior, que ha trabajado mucho tiempo en una multinacional como Endesa, sabe muy bien el lenguaje empleado por estas empresas para convencer a la ciudadanía de sus pelotazos maravillosos y hace unos meses llegó a afirmar que con el tranvía del área metropolitana, el tren al sur de la isla de Tenerife, la segunda pista del aeropuerto del sur y el puerto de Granadilla en la isla se acabaría estableciendo el pleno empleo. No es sólo porque José Saramago lo repita hasta la saciedad pero con perlas como la de este iluminado, que lleva ocho años oscureciéndonos a todos, nos damos cuenta de que los políticos, en realidad, son siempre monigotes de las grandes corporaciones financieras cuyos consejos de dirección, curiosamente, no son democráticos.

A los políticos les encanta decir que ellos gobiernan con un cheque en blanco que les han dado los ciudadanos por el mero hecho de haber depositado un voto en una urna y haber obtenido una mayoría que siempre es relativa y que suele estar en relación a la habitual baja participación electoral y a los pactos postelectorales. La legitimidad, en realidad, debe provenir del día a día a través de procedimientos realmente democráticos como el debate y la participación ciudadana. Es de señalar que los políticos en general, y los canarios en particular, huyen siempre del debate público porque saben que los argumentos que les han dicho que digan, la mayoría de los que gobiernan en canarias se expresan como analfabetos funcionales cuando se salen un poco del guión, no suelen aguantar un mínimo debate. Por eso coalición canaria, el PP y el PSOE no llegaron ni a admitir a trámite la Iniciativa Legislativa Popular de 55.087 firmas presentadas al parlamento ocupado de Canarias para proteger las costas de Granadilla y el primer debate del puerto en una institución se tuvo que dar en el seno de la comisión de peticiones del parlamento europeo en Bruselas. Curiosamente en la cárcel, donde algunos deberían estar y/o pueden estar pronto, tampoco se admite debate alguno sobre las normas y el funcionamiento del régimen interno que afecta a los presos sino que éste se tiene que aceptar porque sí. A los ciudadanos corrientes ante la táctica paranoide del poder económico y sus esbirros políticos de subvertir constantemente el lenguaje no nos queda más que practicar la puesta en duda constante de lo que aparentemente se nos dice para desentrañar lo que realmente se nos quiere decir.

Canarias Digital, 18 de diciembre de 2006.