02 febrero 2015

Identidades: la serie 'Transparent'


La falacia más vulgar y rancia que circula en nuestra sociedad es la de que las nuevas tecnologías de la comunicación cambiarán las cosas en el futuro. Primero porque las supuestas nuevas tecnologías no son tan nuevas y han penetrado irreversiblemente en nuestra sociedad y segundo que no es cierto que las cosas cambiarán sino que ya lo han hecho de manera irreversible y abrupta. Estamos, si se quiere ver así, en una etapa de cambio de paradigma a un nivel copernicano, de innovación constate, que ya ha cambiado nuestras sociedades y que no se sabe bien dónde van a acabar éstas. Empresas como Google, Amazon, Facebook, Netflix o Twitter que hace una década apenas existían han dado una vuelta radical a nuestras costumbres y ya no consumimos de la misma manera la música, el cine, los libros, la prensa y pronto la televisión.
Netflix primero con House of Cards y ahora Amazon con Transparent han puesto sobre la mesa ingentes cantidades de dinero para recoger el talento creativo de América a costa, seguramente, de perder dinero al principio pero de ganar un prestigio produciendo maravillosas obras de arte cinematográfico. En este texto quiero hablar en concreto de la producción de Amazon Transparent que ha sido lo más fresco e inteligente que se ha producido en televisión en estos últimos años.
Sin duda el hilo conductor de la serie es la identidad en todas sus formas: la que viene impuesta por el propio cuerpo y sus hormonas, la que la sociedad nos dicta y la que nuestra mente nos remite pero que por las dos cuestiones previas, cuerpo y sociedad, nos han impedido desarrollar. La serie está creada, escrita y dirigida por Jill Soloway que firmó los guiones de algunos episodios de otra serie maravillosa llamada Six Feet Under, se desarrolla en la California de las vanidades y cuenta la vida de Mort/Maura Pfefferman, catedrático universitario divorciado y acomodado sexagenario que lleva 20 años ocultando su auténtica identidad y que, entre otras cosas, ha criado a tres hijos, dos chicas y un chico, completamente cretinos e inmaduros y que a través de la experiencia de cambio de sexo del padre, pide que la llamen ella y Maura, vemos que su única forma de identidad ha sido la de formar una familia modelo, la experimentación con las drogas o la completa inmadurez del hijo mediano que se apunta a todo lo que está de moda haciendo de productor musical. Sin ser practicante, la familia es judía pero celebra las fiestas como los ateos nos ponemos morados a comer la noche de navidad. Sin duda el episodio más interesante es el número 8 que transcurre en 1994 y ahí descubrimos porque Mort decide ser Maura, por qué el matrimonio se divorcia y por que sus hijos, criado a la manera de niños bien acabarán siendo unos cretinos que no les faltará nada en la vida.
La identidad en una sociedad avanzada y tolerante debe ser diversa, casi se pudiera decir que los humanos somos un continuum de identidades, y nunca debe estar encasillada en lo que la sociedad nos dice y en lo que los demás esperan de nosotros. En este sentido Maura es el personaje menos despreciable y más auténtico de la serie porque, viviendo una jubilación dorada que se permite el lujo de mantener el tren de vida de los hijos, ha decidido ser lo que siempre ha sentido ser toda su vida y por convenciones sociales no ha podido ser en los pocos años de vida que le quedan: una mujer. Transparent es un relato abordado desde la ironía, el humor negro, la tragedia, la comedia ligera, la vergüenza ajena en las actitudes de los hijos y la hombría del personaje principal de querer ser, por fin, una mujer. Quizá otra escritora que no tuviera la sensibilidad de Jill Soloway hubiera hecho de esta maravillosa obra maestra una comedia ligera de mariquitas para reafirmación de los heterosexuales adaptados pero vemos que el texto va más allá, por fortuna, de todos estos convencionalismos.
No quiero incurrir en un delito pero pero el lector sabe bien como puede conseguir esta serie que es lo mejor que se ha producido en mucho tiempo en el cine por entregas del siglo XXI. Es una serie muy cómoda de ver, 10 capítulos de 30 minutos cada uno en esta primera temporada, y al que de verdad le gusten las series, si tiene una mente abierta hacia la alteridad, la va a disfrutar. A esto le pongo el cuño.

17 enero 2015

El pufo de las prospecciones


Hace unos meses me había prometido a mi mismo, por cuestiones de salud y asepsia mental, que no iba a hablar en mucho tiempo de política o que quizá no lo haría nunca más. Sin embargo, si no digo esto después de la carcajada que solté hace unos días cuando Repsol decidió dejar las prospecciones frente a las costas de Fuerteventura y Lanzarote porque, según ellos, lo que hay allí abajo es de mala calidad y no es rentable extraerlo es que reviento.
Saber qué había allí debajo había que saberlo de una manera u otra. Aquí hasta el más ecologista, por activa o por pasiva, vive y consume petróleo de una manera directa e indirecta y en las próximas décadas se va a tener que extraer crudo de los sitios más recónditos del planeta porque el sistema va a explotar al máximo este recurso y porque conozco muy poca gente que esté dispuesta a bajar su ritmo de vida para ahorrar este recurso y que piensa que esto es un límite en su nivel de vida cuando la mayoría de las cosas que tenemos y compramos son innecesarias y superficiales. La mayor parte del petróleo que consumimos viene de países de África y Sudamérica donde las multinacionales del petróleo han asesinado a miles de persona y reventado sus recursos a niveles terroríficos pero para nosotros ese petróleo, al que recuerdo que no estamos dispuestos a renunciar, no tiene cara y ahora menos que casi todas las gasolineras son de autoservicio. En Canarias éramos especiales y teníamos que aceptar la pregunta del referéndum de Paulino Rivero que nunca se llegó a celebrar y que hablaba de elegir entre las prospecciones y el modelo actual de las islas: el de la construcción parada y el del turismo repugnante y de baja calidd que nos ha llevado a tasas de un 38 por ciento de paro.
Ben Magec era una organización de vanguardia social y económica en las islas hasta que ésta a sido controlada por partidos como Sí Se Puede en Tenerife o Nueva Canarias en Gran Canaria. Ha sido penoso que, junto con la organización estrella de la ecología Greenpeace, hayan jugado el papel que han jugado aceptando dinero de CC, de los Cabildos de Fuerteventura y Lanzarote, y reuniéndose con un ecologista de última hora como el Presidente Paulino Rivero que aprovechaba el tema de las prospecciones para postularse por tercera vez a la Presidencia de Canarias y con el que, vergonzosamente, han tenido varias reuniones. Penoso todo esto.

No hay petróleo en las islas que valga la pena explotar, Repsol se va a otros sitios donde pueda cometer genocidios, se han gastado millones en recursos en campañas manipuladoras y engañosas hacia la población por las dos partes, la de Soria y Rivero hasta hace 4 años eran buenos socios de gobierno, y aquí cunde el contento de que allí debajo no haya nada cuando lo que debería es cundir es la vergüenza de que sectores que se consideren progresistas le hayan seguido el juego a CC que, no olvidemos, lleva dos décadas depredando de este pueblo y huyendo de todo lo que significara Democracia Participativa. Y mientras Paulino Rivero, su principal promotor, nos ha colado por la escuadra el destrozo del puerto de Granadilla pero no sólo el atentado que se está haciendo en el mar sino en las cientos de canteras ilegales que ha proliferado por el sur de la isla de Tenerife. El tiempo debería poner a todo el mundo en su sitio pero no nos olvidemos de un detalle: esto es Canarias el paraíso de la sin vergüenza. Pronto nadie se acordará de esto.

31 diciembre 2014

Saltando en los charcos


Según los antropólogos, hay un puñado de gestos humanos que se podrían considerar universales e interculturales. Expresiones como las de asentir, discernir, saludar, despedirse o mostrar el asco si bien no son idénticas en todas las culturas si que pueden ser comprendidas por personas de costumbres o modos de vida diferentes. Luego está, sin duda, el gesto de que cualquier niño de cualquier parte del mundo que cuando ve un charco querrá saltar dentro de éste. No les voy a hablar del relativismo cultural sino de lo que me pasó hace pocos días caminando por las calles del centro de La Laguna. Había estado lloviendo hacía pocos minutos y la gente aprovechaba que se había quitado la lluvia para seguir su camino, sus compras en realidad, y como a mi no me gustan los paraguas y no salí preparado de casa para la lluvia estaba mojado por todos lados menos por uno llamado sombrero pues el que tengo tiene una capa de Goretex que hace que el agua se repela. De repente vi a un niño de unos tres años que se acercaba a una tapa de una alcantarilla donde se había formado un leve charquito y dio un salto que acabó salpicándome los pantalones. Mi lema en estos tiempos es que una raya más o menos en un tigre es algo que no se nota. Me empecé a reír, miré hacia los padres que parecían que iban a reñirlo y con un gesto de hombros les dije que no tenía importancia. Mientras me alejaba, seguramente, el niño alentado por la picardía de mi sonrisa se quedó un rato saltando compulsivamente en el charco y estuve un rato riéndome solo. Como me gusta pasear tarde con las calles del centro completamente vacías vi varios charcos parecidos a los que tanto divirtieron al pequeño y me puse a saltarlos como él hizo esa tarde. Debo reconocer que esta vez iba mejor equipado: llevaba botas de montaña, gabardina y gorro.
Durante la vida hacemos no sólo charcos sino que me atrevería a decir que hasta lagos y mares de lágrimas. Si son pequeños saltamos sobre ellos y seguimos hasta el siguiente intentando pisar siempre tierra firme tratando de huir de aquellos que son mayores para no ahogarnos con ellos hasta el cuello. Este es un mundo de traición, de palabras falsas, de mentiras de todo tipo, de falsa felicidad, de hacer lo que los otros quieren que hagamos y no lo que nos da la gana, de relaciones falsas y de empatía nula. He decidido que la risa que vale es la de los niños, que pronto serán adultos como todos nosotros con nuestras imperfecciones, antes que las risas falsas que veo en mucha gente mayor provocada por placebos como el alcohol, las compras compulsivas, el sentarse en una terraza con una botella de cava barato metido en un cubilete como algunas veces he visto, de la gente que le gusta ostentar con su ropa cara comprada en oulets o exhibir teléfonos que les quedan grandes como si de repente un marido torpe en la cama aparece con el pene de un actor porno al que no sabrían manejar porque se les queda grande en todos los sentidos.
La vida es, básicamente, dolor. El negocio del siglo son las farmaceúticas que les interesa tener cronificadas enfermedades como la depresión, el sida o determinadas patologías porque lo que deseamos los humanos es saltar en los charcos pequeños que nos salpican antes que hundirnos en océanos de lágrimas que nos ahogan. Nos enseñan conocimientos como las matemáticas, sin conectar con la música, a leer y a escribir, sin jugar con la poesía de las palabras, pero en esta sociedad no se nos dan pautas para tener una mínima inteligencia emocional y sí a abandonar la sinceridad de un niño por la hipocresía de un adulto que tiene que demostrar que es feliz aunque las farmacias están llenas de docenas de marcas de antidepresivos. La educación destruye la creatividad de un niño y nos hace adultos conformistas, consumistas, presuntuosos pero, irremediablemente, infelices.

Definitivamente ahora ando buscando al niño que dejé de ser hace ya algunas décadas como, por suerte, he vuelto a encontrar a mi amiga Isabel, Nona para sus amigos, que reencontré estos días después de un distanciamiento, con una buena de cosecha de dolor por cada una de nuestras partes, y a la que dedico esta entrada de este blog.  

27 noviembre 2014

Lágrimas en la lluvia


Yo no sé si a usted le pasa como a mi pero cada vez que escucho el diálogo, por supuesto en versión original, de cuando el Replicante le salva la vida en el último segundo a Harrisond Ford en esa maravillosa película de 1982 que el tiempo ha tratado tan bien llamada Blade Runner se le ponen los pelos de punta y los ojos vidriosos. I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain... Time to die. Son los últimos momentos de una vida construida artificialmente por ingeniería genética con fecha de caducidad, el personaje que interpreta Rutger Hauer, para trabajar en las minas interestelares y que en toda la película no ha mostrado ni un signo de piedad salvo este cuando ya sabe que su final es cuestión de minutos y le perdona la vida al que lo buscaba para eliminarlo.
En estos días de lluvia vi a un tipo llorando por la calle mientras caminaba y todos tratábamos de no mojarnos refugiándonos en portales o huyendo del agua bajo paraguas. Vestía bien, estaba aseado y no era el tipo de persona que enseguida hubiéramos asimilado a un enfermo mental. No le importaba que lloviera e iba por medio de una peatonal de La Laguna con la cara empapada pero se notaba que estaba llorando porque sus gestos faciales describían el llanto. Agazapado en un portal lo vi pasar sin atreverme a acercarme, ni preguntarle que qué le pasaba, si podía ayudarlo en algo, si quería mi teléfono para hacer una llamada o si necesitaba un abrazo. Simplemente lo vi alejarse hasta que se convirtió en un punto diminuto y me puse a mirar cómo corría el agua por el alcantarillado y pensé, como un estúpido, que en esas aguas iban también perdidas sus lágrimas. Me acordé de Blade Runner y de la secuencia que le digo.
En esta sociedad hace falta más empatía, lo que un gran profesor que tuve en la facultad nos enseñó con el concepto de Emmanuel Lévinas de alteridad. Y lo digo como una crítica general porque me incluyo ya que yo sí percibí que había una persona sufriendo delante de mi y me pareció lo más lógico no mojarme que simplemente preguntarle si necesitaba algún tipo de ayuda. Como el Replicante de Blade Runner todos tenemos una fecha de caducidad pero con la ventaja de que sabemos cuando empieza pero no cuando acaba con lo cual todo instante debería ser una oportunidad para disfrutar. Esto, desgraciadamente, no suele pasar. Desde que vi a ese hombre llorando bajo la lluvia hasta que he escrito estas letras no he parado de pensar en lo qué estaba pasando en aquella mente para que estuviera sufriendo de aquella manera ajena al resto del mundo. He pensado en lo terrible que es cuando nuestro cerebro enferma, no es capaz de controlar sus emociones y cómo desde fuera nos cuesta comprender el sufrimiento ajeno.
Este post está dedicado a mi amiga Lucy que sabe mucho de filosofía, que domina la alteridad y que es la persona más inteligente y generosa que he conocido nunca. También es fan como yo de esta película.

24 noviembre 2014

Happiness


Si acaso existe la felicidad no se encuentra al final del viaje sino que se haya agazapada en pequeños retazos que se nos escapan porque estamos mirando el final del camino y no el tránsito. Ahora que hasta la marca de refrescos que pensamos todo el mundo se ha inventado El Instituto Coca Cola de la Felicidad (sic, aunque me niego a enlazarlo para no darles más publicidad de la debida) vemos que esta es una palabra completamente vacía. Tan vacía como decir amor, patria, madre tierra, ecologista, democracia o un puñado de lentejas: la cantidad de este puñado depende del tamaño del puño, de la lenteja, de cómo se cojan, de cómo entendamos el concepto de puñado o de si en realidad hay lentejas para recoger. Nunca he sido feliz en toda mi vida, pero sí que he pasado buenos momentos con gente buena y malos por mi tozudés o porque mucha gente son el sinónimo de deslealtad y traición. Les cuento algo que vi hace poco por unas calles de mi ciudad y que me hicieron feliz no por mirar el final del camino sino por el tránsito de éste.
Paseaba por las calles peatonales de La Laguna con un amigo y su perro y vimos, frente a una óptica que tenía un anuncio que era un espejo en forma de gafas gigantes de una marca comercial de lentes, a dos chicas de 15 años subidas al banco que estaba justo fuera de la tienda. Estaban con sus teléfonos móviles buscando una posición adecuada para salir cada una en un lado del espejo y hacerse una foto para recordarse como amigas, o como lo que en aquel momento fueran, y para compartirlas probablemente con sus amigos y difundirlas por sus redes sociales y mensajería. Me pareció un momento extremo de felicidad lo que aquellas dos chicas hacían allí, completamente ajenas a lo que otras personas mayores hacían y que las miraban como estúpidas y con caras de hasta molestarles, y no pude sino esbozar una sonrisa. A mi estas cosas me alegran mucho los días. Lo que más me molesta de la gente es la mala educación, que tiren cosas o escupan en el suelo, que se tropiecen con alguien por la calle y no pidan perdón o que no sepan apreciar una cortesía de alguien desconocido que sólo pretende ser agradable. A mi esta es la gente que me amarga el día y no lo que las chicas estaban haciendo, cosa que por cierto hasta me parecía muy creativa. Los expertos dicen que aunque vivimos en la era de la imagen pura, ahora todo el mundo tiene mínimo una cámara de fotos en su bolsillo, muchas de estas imágenes no sobrevivirán porque son fungibles como los dispositivos con las que se hacen. Yo estoy completamente de acuerdo aunque por mi forma de ser, por ejemplo, guardo hasta las fotos que salen mal con mis cámaras o móviles porque quiero preservarlas no sé bien para qué. Espero que estas chicas guarden aquellas fotos que se hicieron frente al espejo gafa y que un día dentro de, por ejemplo, 40 años, cuando muchos de los que estábamos por allí ya no estemos, las puedan volver a mirar como amigas recordando la felicidad que sintieron en aquel momento aparentemente intrascendente. Nunca lo llegarán ni a sospechar pero me gustaría que supieran que por lo menos uno de los tantos que pasó por allí mientras ellas hacían aquello también fue feliz unos minutos contemplando aquel juego.

Dedico esta entrada a mi amiga Jéssica que es la mejor compañera de clase que he tenido nunca y que me dice, sin tapujos, que me ha robado el concepto de felicidad como momento de tránsito.

22 octubre 2014

Hablando del Dolor con 'Six Feet Under'

Spoilert alert!: no veas este vídeo si no has visto la serie y te ha apetecido verla. Esta maravillosa secuencia se disfruta más al final de las 63 horas de la serie.

El siglo XXI ha retomado el relato de ficción por entregas a niveles de la maestría ahora con el lenguaje de este siglo que es la imagen gracias, sobre todo, a esa factoría de crear historias inteligentes llamada HBO. Entre el año 2001 y el 2005, en la temporada de verano de esta cadena de pago en Estados Unidos, se emitió el que podría ser sin duda uno de sus mejores productos llamado Six Feet Under, que en España se llamó A dos metros bajo tierra por eso de redondear el sistema métrico anglosajón con el decimal, con un total de 63 horas de historias originales que jugaban con el dolor de los personajes y el humor negro e inteligente todo bien hilvanado con grandes guiones y una historia entre los vivos y los muertos. Creada por el guionista Alan Ball, que en el año 1999 nos enamoró a muchos con su American Beauty, tras en buena hora dar el salto a la televisión donde pudo desarrollar muchos aspectos interesantes que ya se vieron en aquella magnífica ópera prima.
El argumento es simple. Una familia de enterradores de la segunda hacia la tercera generación tienen un negocio familiar en la misma casa en la que hacen su vida diaria. Viven en el piso de arriba mientras que en el de abajo y el sótano andan con cadáveres y funerales. El marido con vida secreta, Nathaniel (Richard Jenkins), muere en los primeros minutos de la serie en un tonto accidente de tráfico, mientras su hijo Nate (Peter Krause), llega del Seattle cuna de Nirvana donde huyó del negocio familiar para pasar las Navidades y conoce en el vuelo a Los Ángeles al turbulento amor de su vida, Brenda (Rachel Griffiths), que le gusta experimentar con las situaciones. Nos enteraremos pronto que la viuda Ruth (Frances Conroy) estaba engañando a su marido con un vulgar peluquero y que su hijo David (Michael C. Hall) es un gay que vive dentro del armario pues no se atreve a reivindicar su homosexualidad aunque esté profundamente enamorado de un apuesto policía negro llamado Keith (Mathew St. Patrick) que conoció en una misa de domingo de una parroquia muy tolerante hacia la homosexualidad. Finalmente está Claire (Lauren Ambrose), sin duda el personaje más profundo e interesante y al final nos daremos cuenta que toda la serie ha pasado por delante de sus ojos, una adolescente que está buscando su lugar en una sociedad vacía que ya coquetea con las drogas y las relaciones con tipos indeseables. Claire es el personaje que podríamos decir que es el más empático y generoso de toda la trama aunque alguna pequeña misera también tendrá. Cada episodio de los 63 empieza con una muerte, un breve epitafio tras un fundido en blanco, y es el hilo argumental de cada capítulo. Hay muertes muy ingeniosas que es imposible que no saquen una carcajada al espectador como la del Papá Noel que tiene un accidente de moto delante de tres niños que lo observan incrédulos o la de la ultra religiosa que sale corriendo de su coche pues cree ver que son ángeles celestiales lo que en realidad eran unas muñecas hinchables infladas con hidrógeno que iba a ser usadas en un show pornográfico. En Six Feet Under vivos y muertos dialogan sin que sean éstos momentos para el miedo, como cualquier guionista infame hubiera hecho, sino que tienen una clara tensión dramática y hasta una ironía muy fina.
En esta serie los muertos que hablan ya no sufren, son los vivos los que están abocados al sufrimiento y si tuviéramos que definir esta serie con una palabra sin duda esta sería la de Dolor. Este es el dolor de las sociedades modernas que Alan Ball intuyó casi una década antes que se produjera en forma de Doctrina de Shock, de la depresión y la infelicidad, de los psicoterapeutas imbéciles que deberían primero curarse a si mismos, del Prozac y otros fármacos que se han convertido en el negocio más rentable de las farmacéuticas en los países donde el temor al futuro ha entrado duro como ha pasado ahora en el nuestro, del esnobismo de los restaurantes de sushi y del vacío de valores de gran parte de la sociedad norteamericana. Se podría decir que es una de las primeras series que normaliza la homosexualidad dentro de una historia natural, Alan Ball lo es y uno de los actores secundarios de la serie es su pareja, no como algo raro y anecdótico a la trama para reforzar la heterosexualidad sino como parte misma de ésta y al mismo nivel que los deseos y los sentimientos de todos los personajes independientemente de cuál sea su tendencia sexual.
El caminar de los personajes en la serie es el de la búsqueda de la felicidad pero siempre hay algo que los frena: la traición a la persona compañera que se traduce en múltiples formas de deslealtades, la falta de seguridad personal y el no saber decir no a tiempo, la manera enferma de sentir el sexo, una sociedad sin valores donde la principal forma de ocio es comprar con tarjeta de crédito, estar a la última en todo momento para ser el mayor cretino o la crítica feroz a las galerías y las escuelas de arte que deja constancia el personaje de Claire que, recordemos, es el más interesante de todos y que quizá por eso llegará a ser centenaria. Todo esto se traduce en el Dolor porque los personajes sufren viviendo en el país que más felicidad del mundo promete según la publiciadad y se medican para enfermedades mentales que están en el DSM IV aunque ya haya salido el 5. Todo esto sucede de manera inexorable como si los personajes tuvieran que que estar abocados a ese dolor que salen a buscar cuando, a veces, la felicidad está cerca y sólo hay que pararse para que les llegue en forma de pequeños momentos que al final son los que importan.
Sin duda una de las mejores secuencias de toda la serie es el final del capítulo 3 de la cuarta temporada cuando la familia al completo decide quemar viejos recuerdos de la casa anclada en los años setenta del siglo pasado. Let's burn it all!, sugiere Claire, y la escena funde a una hoguera hecha en el jardín al anochecer. La chica sube a su habitación para poner una canción de Radiohead, Lucky, y saca su cámara fotográfica para hacer fotos del momento mientras oímos estrofas como It's gonna be a glorious day / I feel my luck could change (va a ser un día glorioso, siento que mi suerte puede cambiar) Todos miran absortos a la hoguera hipnotizados por las llamas y el espectador siente que a partir de ahora todo puede cambiar como dice la canción pero es una falsa esperanza: las heridas son tan profundas que el dolor avanza con fuerza hacia el gran llanto que es el final de una serie que tuvo su justa medida y que Alan Ball supo acabar a tiempo en su quinta temporada y no prolongar innecesariamente este trabajo como hizo HBO con la bastante fallida True Blood firmada por el mismo autor. La clave es la canción de Radiohead, la música en la serie está siempre muy bien elegida y sirve para sostener el relato, que habla de un soldado moribundo que recuerda a su chica mientras agoniza muriendo por defender los intereses del Imperio Norteamericano. Esperemos que la cadena siga contando con este guionista y director y le encargue un trabajo más a su medida y no sujeto a las normas de la comercialidad como la de los vampiros.
Spoiler alert!: Esta secuencia es clave. Si no has visto la serie te recomiendo que no la veas. Si te interesa escuchar el tema de Radiohead Luck pulsa aquí.
Finalmente, y sin contar nada de la trama, quiero acabar con la secuencia final de la serie que es un viaje iniciático por la vida de proporciones homéricas a través de los ojos de Claire que ya queda fuera de la serie pero sigue en la mente del espectador. Extrañamente se siente tristeza porque son los minutos finales de una serie sin duda extraordinaria pero al mismo tiempo complicidad con el escritor por ver cómo son los finales vitales de todos los personajes. Es una suerte de evocación para que pensemos en cuál será el nuestro al mismo tiempo que sonreímos con el ajeno imaginando la vida entera que hubo en medio. A quien no haya visto la serie se la recomiendo, ya sabe las maneras de conseguirla que existen a día de hoy pero les aconsejo que sea en su versión original, y a quien la haya visto en su tiempo que lo vuelva a hacer ahora para que note que ésta no sólo no se ha quedado vieja sino que, por los sentimientos expresados en ella, es más actual que nunca. A quien pudiera estar sintiendo ahora algún tipo de dolor interno puede que esta serie le ayude a reconocer su procedencia porque si algo es Alan Ball, sin quitar mérito a su grupo de guionistas, es un completo conocedor del alma humana.

Posdata: Dedico este post a esas personas que me han expresado su cariño estos meses, ya sea de manera física o virtual. 

20 septiembre 2014

Vamos, que nos vamos


A día de hoy llevo ocho años y nueve meses, nueve años haría en enero de 2015, publicando todos y cada uno de sus lunes un artículo denso. Primero fue en el Canarias Digital, un medio hecho para mantener la batalla personal de su creador Pepe Castellano y que nos acabó dejando a unos cuantos colgados cuando su batalla tomó otros derroteros. En medio abrí este blog, agosto de 2006, para colgar en él cosas que generaba en aquel primero, en otros medios después y para este mismo. Luego Enrique Hernández habló conmigo para que tuviera una sección en el Canarias 24 Horas durante el año que estuvo de director y que, sin duda, fue el mejor momento de esta publicación digital subiendo de un puñado de visitas semanales a miles diarias. Nunca le estaré totalmente agradecido a Enrique la oportunidad que me dio. Seguí un tiempo más en este medio mientras se volvía cada día más y más mediocre por la nueva dirección que, por cierto, me dijo alguna que otra vez que mis artículos solían ser los más visitados del digital. Como todo lo guardo por ahí tengo sus correos electrónicos. Como no le debo nada a nadie y debido al mal trato de mis textos en el Canarias 24 horas lo dejé para siempre para concentrarme en este blog. De este anterior medio no tuvieron ni una palabra de agradecimiento conmigo después de más de cinco años ni fueron capaces de preguntarme que por qué me había ido. Las miserias se retratan a si mismas. Huelga decir que jamás cobré un céntimo de allí ni de ningún lugar que he escrito. Es más, este trabajo me ha costado dinero que jamás le he debido a nadie. 
Este lunes 22 de septiembre no habrá un texto nuevo y completamente original en este blog Me Tienen Frito. En principio esto pasará durante varios meses y puede que esta decisión se haga completamente definitiva y tal vez no vuelva a escribir en mi vida o si lo hago será con otro proyecto y otras cosas. Puede que regrese, ahora no lo sé. A los que me han odiado durante este tiempo, a ciertos amigos y conocidos que perdieron la amistad conmigo por sectarios y por mi convicción de no callarme las cosas, celebro que estén contentos y me alegro por su júbilo. A las personas que me han mostrado su cariño durante años les doy las gracias desde aquí. Me gustaría particularizar pero prefiero no hacerlo porque la lista sería un poco larga y no quisiera dejar a nadie fuera.

Ahora estoy en una etapa personal un poco particular y me he dado cuenta que tengo que pensar en mi mismo, en mi salud que no anda muy bien, y quizá sea ahora la sociedad la que tenga que hacer algo por mi en lugar de yo por ella. Me voy, repito que no sé por cuánto tiempo, pero el archivo de este blog nunca desaparecerá y el correo de contacto y las redes sociales asociadas a este seguirán activas. Adiós, o hasta pronto, y gracias por todos estos años de ilusión de que cada lunes mis palabras produjeran molestia o alegría, si lograban leer los peñazos que escribía hasta el final, pero nunca indiferencia.

15 septiembre 2014

El fin del Paulinato


En el momento que se publican estas líneas han pasado 2.622 días desde el 13 de julio de 2007, fecha en la que fue investido por primera vez Paulino Rivero Baute como presidente de Canarias habiendo perdido las elecciones y gracias a los votos del PP. En el año 2011 vuelve a perder las elecciones pero sigue siendo presidente del gobierno de Canarias ahora gracias a los votos del PSOE. Esto es, sin duda, un hito de la política mundial por la que un perdedor nato decide los destinos de millones de ciudadanos gracias al sistema corrupto y trilero que hay montando en un archipiélago de origen bananero como es el canario.
El viernes 12 de septiembre de 2014 empezaba el principio del fin del Paulinato, la época más gris de Canarias en muchos aspectos en la que un completo mediocre ha estado gobernando canarias, con dos millones de habitantes, como si fuera su pueblo natal de El Sauzal que no llega a los diez mil. La mediocridad de todos estos años se ha notado en que en Canarias los casos de corrupción galopante ha aumentado llegando hasta que el mismo presidente intentara enchufar a su sobrina en la policía municipal de Arona a través del conseguirdor y condenado por corrupción José Alberto González Reverón, hemos asistido a un aumento brutal de las cifras del desempleo llegando a 350 mil personas registradas y una tasa del casi el 33 por ciento, hemos vivido un completo desprestigio de las instituciones canarias con nulas calidad democrática y participativa, la televisión que dirige su amigo Willy García ha llegado a cotas de manipulación insuperables, la sanidad y la educación han empeorado considerablemente y los amigos más poderosos de este presidente han aumentado su riqueza a costa de machacar a las clases medias y crear auténticas bolsas de pobreza en nuestro archipiélago con centenares de miles de ciudadanos por debajo del umbral de ésta.
Después del Consejo Político de CC donde se eligió a un astuto Fernando Clavijo como candidato de su partido a la presidencia del gobierno, en realidad a presidente en 2015 gracias a la misma aritmética que ha mantenido a un perdedor durante 7 años gobernando en las islas, Rivero se tiene que estar tragando toda la campaña que a nivel personal se ha hecho gracias al tema, aprovechado de manera oportuna, de las dichosas prospecciones petrolíferas frente a las costas de Fuerteventura y Lanzarote. Como un viñetista de la revista El Jueves que siempre acababa su tira sobre el expresidente Aznar diciendo éste que nunca debió haber salido de Valladolid Paulino Rivero debe estar diciendo, a día de hoy, que nunca debió haber salido de El Sauzal. Ahora más que criticar a Rivero por este asunto habría que hacerlo por los cómplices que el caduco presidente ha tenido durante meses en este asunto intentando que el fervor popular contra las prospecciones les salpique. Partidos políticos como Izquierda Unida, Nueva Canarias o Sí Se Puede y organizaciones ecologistas como Greenpeace o Ben Magec, controlada en Gran Canaria por Nueva Canarias y en Tenerife por Sí Se Puede, han sido incapaces de poner a este oportunista en su sitio con este tema que cada día insulta más a la inteligencia. Que Ben Magec esté pidiendo ahora una audiencia con el presidente Rivero, un presidente que ha hecho todo lo posible para hundir a esta organización con le puerto de Granadilla o el impuesto Catálogo de Especies Protegidas en la anterior legislatura, da cuenta del patetismo en el que los movimientos sociales y políticos alternativos se encuentran en la actualidad en Canarias. Estamos pendientes de una regeneración social y política. Tristemente, hace poco tiempo pensaba que estas instancias estaban contra el régimen que nos asfixia, son ellas las que también tienen que renovarse y desaparecer.
Entre lo malo y lo malo para nuestro futuro, Rivero o Clavijo, salió elegido más de lo mismo pero a peor. Fernando Clavijo llegó al ayuntamiento de La Laguna en los noventa con aquella promoción de Económicas de la Universidad de La Laguna que se supo colocar de buena manera en el ayuntamiento y formó parte de la ICAN que acabó traicionando a la izquierda que representaban y se vendió a los caciques de extrema derecha que representaban ATI y los partidos insularistas que crearon Coalición Canaria. Es un tipo que estuvo años haciendo sus cosas particulares a la sombra hasta que Ana Oramas la designó a dedo alcalde de La Laguna siguiendo el modelo de cómo se hacen las sucesiones hereditarias en los ayuntamientos y el Cabildo de Tenerife: dejando al sucesor gobernando a la mitad de la legislatura. Hasta este momento ha sabido nadar y guardar la ropa pues nunca ha sido capaz de dar una opinión clara sobre ningún asunto. Su estrategia siempre ha sido la de agradar a todos para llegar hasta donde lo ha llegado. A partir de ahora tendrá que empezar a mojarse en cosas que nos aclararán muchos rasgos sobre sus auténticas ideas. Es también el tipo que hace unos años defendió a González Reverón con el tema del enchufe a Rivero diciendo que él como alcalde a la semana recibía cientos de llamadas de gente que le pedían ayuda y consejos. Clavijo es, sin duda, un joven cacique que ha aprendido de sus mayores, que ahora se están retirando quién sabe si a Suiza, para que su generación siga medrando de la política y preparar a las venideras para que hagan lo mismo. De la alegría de ver a Rivero humillado por la victoria de este joven intempestivo pasaremos pronto a la sensación de que, pasara lo que pasara en la votación del viernes 12, los que de verdad hemos perdido somos todos los ciudadanos de Canarias.

Al hecho de que los ciudadanos estemos viviendo la peor etapa de nuestra historia reciente hay que añadirle el que estamos gobernados por unos políticos completamente indecentes y que en uno de los principales partidos de este régimen se ha producido el falso relevo generacional para que las cosas sigan como hasta ahora. Sin embargo, nunca habíamos estado tan huérfanos hasta el punto que los partidos que hasta hace poco significaban una opción para desbancar a la casta van camino a convertirse en esta misma. Esto es una gota más que colma el vaso y que representa que este sistema, en el que estamos encarcelados, es más duro y más terco de derrotar de lo que muchos llegamos a pensar.

12 septiembre 2014

El loro, la chivata y la estrategia


Pude leer en El País, no sin una amplia sonrisa en mis labios, que hace pocos días un loro gris de origen africano fue devuelto a la casa de su dueño en Japón porque el ave misma le dijo la dirección completa a la policía. Según los empleados de la clínica veterinaria a la que fue llevado en un primer momento el animal era muy divertido ya que cantaba y decía todo el rato su nombre Nakamura Yosuke-kun que, como bien sabemos, en buen japonés viene a ser algo así como nuestro José Manuel. Como cada uno es como es no pude evitar que el bicho me recordara a un compañero de trabajo, lo de compañero es un decir ya que éste es el mayor catador de glúteos patronales que haya existido nunca, cuya misión principal es la de hacer de chivata en la empresa. Si algún día tiene que hacer un Currículum Vítae para cambiar de empleo su elemento más destacado no sería tener conocimientos de informática o dotes de mando sino ser un chivato. La analogía con Nakamura Yosuke-Kun se me ocurrió porque es un hecho que hace falta ser primario para repetir todo lo que es escucha como ha hecho el loro para volver a su casa. Me imagino a mi chivón particular volviendo a la suya todos los días después de trabajar repitiendo a la policía que se encuentra por el camino la dirección completa de su domicilio con número incluido.
No es que me quiera regodear en el tema, no es mi estilo, como venganza por los años que llevo soportando a semejante lameculos porque no soy un resentido. Simplemente me enfrento de manera jocosa a la perplejidad que del hecho de la existencia de personas así producen. Simplemente, y para que me puedan entender, imagínense tener como compañero de trabajo, sentado mesa con mesa, a sujetos como Acebes, Zaplana, o Aguirre. Habrá a quien les guste esta gente, el mundo es así de variado y debe serlo, pero a la mayoría de la gente sólo con pensarlo le darán arcadas en el estómago. Y es que la estrategia del loro de, sin saber lo que dice, chivar la dirección de casa a la policía para que ésta le lleve allí es una estrategia eficaz para lograr determinadas cosas. Tanto ha repetido Rajoy por su pico, hasta la saciedad la verdad, burdas mentiras y consignas falsas que unos cientos de militantes y simpatizantes de su partido se han revelado contra él mismo, en una estrategia parecida a la del loro, llegando a manifestarse contra él delante de la sede del PP en Madrid. Lo alucinante es que han acabado usando contra el mismo Rajoy una consigna que aquel repitió hasta la nausea durante cuatro años contra todo el que cuestionaba su estrategia y era la de decir que se estaba traicionando la memoria de las víctimas del terrorismo. La situación en el PP sería para partirse de risa si la cosa no diera tanta vergüenza ajena.
Desde aquí, simplemente, me gustaría expresar la mayor de las simpatías para animales que como el loro gris africano de Japón consiguió que lo devolvieran a la casa de su dueño, un animal así domesticado no hubiera sobrevivido en un medio urbano hostil, y mi mayor desprecio para aquellos que medran en base crear mentiras y al lameculismo, sean chivatos o estrategas políticos de profesión.
La imagen que se reproducen en esta entrada está enlazada directamente de los servidores de este periódico con un texto a pie de foto que dice así: "El loro, Yosuke, dentro de su jaula, en la comisaría de Nagareyama, al este de Tokio" Entiendo que esta imagen está sujeta a derechos de autor pero la enlazo porque los fines de este blog no son, en absoluto, comerciales y no voy a ganar nada con él. De todas formas, y a través de un requerimiento expreso de la dirección de este medio, no tengo problema ninguno en retirar la foto.

10 septiembre 2014

A la mitad de los Beatles

Leo hoy, no sin estupefacción, que el gobierno de Israel ha perdido perdón a los dos componentes de los Beatles, nada menos que 43 años después, por haberles prohibido actuar en aquel país en el año 1965 porque entonces consideraban que este grupo era pernicioso para la salud moral de la juventud. Pensando que en los que por aquellos días fueron jóvenes son hoy adultos y tienen, seguramente, poder de gobierno y mando en hoy en día en Israel quizá haya que pensar, en virtud a cómo trata el gobierno israelita a los Palestinos, que con o sin los Beatles algo se les torció moralmente hablando. Eso sí, aunque sea por marketing pues lo que quiere hacer es invitar a los que quedan de este grupo para celebrar el 60 aniversario de la fundación de este estado, hay que reconocer que Israel reacciona con más premura que la iglesia católica que tardó casi cuatro siglos en exculpar a Galileo por decir que, en efecto, la tierra era redonda ya en tiempos del Papa Wojtyla.
Hoy, un día más, siguen las pésimas condiciones de más de un millón de personas en la Franja de Gaza por culpa de la política xenófoba y fascista del estado de Israel y el visto bueno, por el silencio cobarde, de la Unión Europea y Estados Unidos. A estas alturas si por una nimiedad como la de los Beatles tardan 43 años cuanto no tardarán en pedir perdón al pueblo de Palestina por la forma asesina en la que lo están tratando. Quizás para el siglo XXII, suponiendo que con esta escalada de violencia queden todavía palestinos o israelitas con vida. Es una pena que un pueblo tan sabio como el judío no haya aprendido de su pasado muy reciente. Y es que cuando los Beatles no pudieron tocar allí todavía la memoria el genocidio nazi estaba caliente.