24 marzo 2014

Ultraliberales a expensas de lo público


Aprovechando que Adolfo Suárez ha fallecido, y que los miserables que lo criticaban injustamente ahora se les quiebra la boca en falsos halagos, es bueno recordar la Transición que de una terrible dictadura hacia una democracia él lideró en 1976 pero que se vio interrumpida por la casta parásita dirigente que se generó tras el Golpe de Estado de 1981 y su salida del gobierno de España. Yo dudo que Suárez fuera un tipo mejor que los demás en muchos aspectos pero se las arregló para sacar a un país que llevaba siglos conociendo la violencia en los cambios de regímenes y gobiernos probablemente de la mejor manera que se podía hacer en aquella época: con un Rey nombrado por un fascista como Franco y una estructura franquista enquistada en la policía, el poder judicial y los cuarteles. Sin duda, todas las críticas que haya que hacerle al proceso de la Transición habrá que hacérselas a la casta política que ha detentado el poder desde el régimen que inauguró la Constitución de 1978 y que ha consolidado un sistema bipartidista antidemocrático que lejos de profundizar en la democracia real se profundizó en llevarse los privilegios que ostentaban las caramillas de poder privilegiadas por el franquismo. Mi crítica especial es al PCE por erigirse a menudo en la parte radical de la izquierda en este país pero que sólo supo expulsar a Santiago Carrillo de este partido aceptando de buena manera el régimen que se instauró a continuación y recibiendo a cambio miserables cuotas de poder y donde se han conferido como un partido eminentemente burocrático.
En 36 años que llevamos de régimen han habido políticos de toda especie pero hay una que destaca sobremanera de todos los demás. Puede reconocerse por el siguiente signo: son de clase acomodada alta, han tenido la suficiente posición económica para formarse mejor que lo que lo hacían los otros gracias a que sus familias tenía buenas relaciones con el anterior régimen y han acabado siendo funcionarios de carrera de alta dirección con puestos que no han casi ejercido porque su carrera laboral, a parte de en la administración, ha estado en la política, sobre todo como altos cargos del PP. Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy, José María Aznar, José Manuel Soria o Alberto Ruiz Gallardón son ejemplos de este tipo de político que han hecho toda su carrera laboral en el sector público o que, como en el caso del miserable de Mariano Rajoy, han cobrado centenares de miles de euros en negro provenientes de sobornos de tramas de corrupción y pagos ilegales de empresarios cercanos al partido. Su discurso favorito es contra lo público, aunque hayan vivido de ello durante toda su vida, alabando lo que llaman iniciativa privada y que tiene una forma muy sui generis. Para ellos la iniciativa privada no es algo que se base en la innovación tecnológica, y que en Sillicon Valley o Montain View han hecho grandes fortunas revolucionando la vida de miles de millones de personas, sino que pasa por la cultura del pelotazo. Para ellos la economía de libre mercado no se basa en pensar en qué nuevo producto pueden ofrecer a la gente sino en qué servicio público pueden privatizar para entregarlos a sus amigos convenientemente saneado por el dinero de todos los contribuyentes. A finales del siglo XX se privatizaron, que no liberalizaron, sectores públicos como la banca, la generación de la energía, los transportes, las telecomunicaciones y el sector industrial con la excusa de que estos servicios estarían mejor en manos privadas, en el discurso de recurría a lo mal gestor que se es desde lo público por gente que cobraba de la administración, las mismas manos que acabaron colocando a los políticos en los consejos de dirección de esas empresas en puestos decorativos creados ad hoc mientras estas empresa siguen ejerciendo el monopolio saqueando el bolsillo y derritiendo la paciencia de los ciudadanos.
Ahora la misma casta en este siglo XXI está preparada para continuar el saqueo de las arcas públicas, con la misma falacia pues afirmar que la gestión pública de bienes y servicios es nefasta es algo que les debería de avergonzar pues no se les conoce actividad alguna en el sector privado y que deberían de responder judicialmente aquellos que han cobrado como gestores, para meterle mano a lo que le queda del estado y que es la sanidad, la educación, las pensiones, los servicios sociales y las prestaciones de la Seguridad Social. Como siempre, y a medida que este acto de saqueo se vaya perpetrando, los diferentes autores de esta privatización que no es otra cosa que poner las cosas públicas en manos de su amigos vaya haciendo el trabajo sucio con gratificación, estas grandes empresas acabarán poniendo en puestos decorativos a estos políticos que tan gran favor les han hecho. Una reflexión a todo esto y como corolario es que si tan defensores son éstos de la iniciativa privada por qué no fundan ellos sus empresas para competir en el libre mercado o mejor aún por qué no buscan empleo en el sector privado como gestores. La respuesta es simple pero cruel como la misma realidad a la que alude: estos políticos son tan ineptos que son incapaces de tener una visión comercial más allá de la que les dan sus cómodos cargos en la administración y ningún empresario en su sano juicio les daría un empleo a tipos que son capaces de hundir y llevar a la banca rota a gobiernos municipales, comunidades autónomas, cabildos o a países enteros como han hecho Zapatero y Rajoy.

Como ejemplo de todo esto en Canarias tenemos a un completo bocazas como José Carlos Francisco Díaz, Presidente de la CEOE de Tenerife, que a poco que uno se descuide lo veremos largando pestes de la administración pública a pesar que él fue Consejero de Economía y Hacienda en el gobierno y peor no lo pudo hacer cuando, de la mano de un pésimo gestor como Adán Martín, contribuyó a forjar la burbuja en la que vivimos muchos años y que a día de hoy nos tiene hundidos en la misera, algo que continuará pasando durante mucho tiempo. Podrá presumir de ser un empresario hecho a si mismo pero sus negocios, el call center que atiende las llamadas de información del Gobierno de Canarias o su consultora Gestión 5, jamás se entenderían sin el trasvase de dinero fresco y constante que recibe del sector público y cuyas contratas ha conseguido gracias a tener buenos contactos e información más que privilegiada a la que la mayoría de los empresarios a los que representa, por ejemplo, jamás lograrán acceder.