27 abril 2015
13 marzo 2015
La discapacidad como nicho de empleo basura
Que
el lenguaje se ha ido pervirtiendo para tratar de transformar la
realidad es algo que ya no se duda en absoluto. Rajoy y el PP hablan
de crecimiento negativo a la realidad de crisis económica que
llevamos sufriendo desde 2008. En el mundo de la discapacidad la
finura verbal por la que ha ido atravesando el concepto es terrible.
Para entendernos y ser un poco bruto al cojo paralítico que
se le llamaba antes, muchas veces de una manera repugnante y
despectiva, se le empezó a llamar minusválido, luego
discapacitado, después persona con discapacidad y
ahora de ha inventado el eufemismo de es un ser que padece una
diversidad funcional para hablar de la misma cosa. Y la
realidad no es la misma y el interés del político de turno por las
personas que padecen de falta de autonomía es la misma: el gancho
perfecto para sacarse la foto justo antes de las elecciones y
olvidarlos luego.
Pero
la realidad tampoco es la misma. Ahora a la persona que padece algún
tipo de discapacidad se las utilizan en las empresas, o en los
centros especiales de empleo, como mano de obra barata pues a parte
según el tipo de plantilla que tenga una empresa ésta está
obligado a tener contratadas a cierto porcentaje de personas con
discapacidad y las grandes empresas, públicas y privadas, crean
centros especiales de empleo, el 90 por ciento de su plantilla debe
estar compuesta por personas con algún tipo de discapacidad, para
competir en precios dando servicios a empresas mucho más baratas
pues contratar a personas con discapacidad tiene muchas exenciones
fiscales y pagos casi nulos a la Seguridad Social.
El
otro día entré equivocado a la oficina principal de CaixaBank,
extinta CajaCanaria pues iba a un evento al lado y se me acercó un
señor con una silla de ruedas eléctrica, de esas que pueden costar
más de cinco mil euros casi lo que un coche, debidamente
identificado como trabajador de la entidad para preguntarme que qué
operación iba a hacer. Le dije que iba a la Fundación CajaCanarias
y enseguida me sacó de mi error y pude asistir a la conferencia a la
que quería ir. Si CaixaBank se tomara en serio lo de la discapacidad
ese muchacho podría no estar atendiendo al público sino en una mesa
haciendo gestiones financieras en una mesa como otros de sus
compañeros pues, por lo que vi, su cabeza funcionaba. Muy bien y
educadamente, por cierto. Yo como no puedo dejar de pensar en esas
cosas me informé esa misma tarde en la red y descubrí que a la
estrategia de poner a una persona con discapacidad haciendo este
trabajo se le conoce en el mundo del marketing como Marketing
Emocional
y tiene la intención de provocar la sensación de que la empresa que
contrata a ese tipo de trabajadores es sensible
con el tema y que son muy buenos. Yo me sentí repugnado porque me
intentaran enternecer con una cosa tan burda y contento porque en
agosto de 2010 cerré mi cuenta de La Caixa y me abrí una online
donde no me follan a comisiones.
02 febrero 2015
Identidades: la serie 'Transparent'
La falacia más vulgar y rancia que
circula en nuestra sociedad es la de que las
nuevas tecnologías de la comunicación cambiarán las cosas en el
futuro.
Primero porque las supuestas nuevas
tecnologías
no son tan nuevas y han penetrado irreversiblemente en nuestra
sociedad y segundo que no es cierto que
las cosas cambiarán
sino que ya lo han hecho de manera irreversible y abrupta. Estamos,
si se quiere ver así, en una etapa de cambio de paradigma a un nivel
copernicano, de innovación constate, que ya ha cambiado nuestras
sociedades y que no se sabe bien dónde van a acabar éstas. Empresas
como Google, Amazon, Facebook, Netflix o Twitter que hace una década
apenas existían han dado una vuelta radical a nuestras costumbres y
ya no consumimos de la misma manera la música, el cine, los libros,
la prensa y pronto la televisión.
Netflix
primero con House
of Cards
y ahora Amazon con Transparent
han puesto sobre la mesa ingentes cantidades de dinero para recoger
el talento creativo de América a costa, seguramente, de perder
dinero al principio pero de ganar un prestigio produciendo
maravillosas obras de arte cinematográfico. En este texto quiero
hablar en concreto de la producción de Amazon Transparent
que
ha sido lo más fresco e inteligente que se ha producido en
televisión en estos últimos años.
Sin
duda el hilo conductor de la serie es la identidad
en todas sus formas: la que viene impuesta por el propio cuerpo y sus
hormonas, la que la sociedad nos dicta y la que nuestra mente nos
remite pero que por las dos cuestiones previas, cuerpo y sociedad,
nos han impedido desarrollar. La serie está creada, escrita y
dirigida por Jill Soloway que firmó los guiones de algunos episodios
de otra serie maravillosa llamada Six
Feet Under,
se desarrolla en la California de las vanidades y cuenta la vida de
Mort/Maura Pfefferman, catedrático universitario divorciado y
acomodado sexagenario que lleva 20 años ocultando su auténtica
identidad y que, entre otras cosas, ha criado a tres hijos, dos
chicas y un chico, completamente cretinos e inmaduros y que a través
de la experiencia de cambio de sexo del padre, pide que la llamen
ella
y Maura,
vemos que su única forma de identidad ha sido la de formar una
familia modelo, la experimentación con las drogas o la completa
inmadurez del hijo mediano que se apunta a todo lo que está de moda
haciendo de productor musical. Sin ser practicante, la familia es
judía pero celebra las fiestas como los ateos nos ponemos morados a
comer la noche de navidad. Sin duda el episodio más interesante es
el número 8 que transcurre en 1994 y ahí descubrimos porque Mort
decide ser Maura, por qué el matrimonio se divorcia y por que sus
hijos, criado a la manera de niños
bien
acabarán siendo unos cretinos que no les faltará nada en la vida.
La
identidad en una sociedad avanzada y tolerante debe ser diversa, casi
se pudiera decir que los humanos somos un continuum de identidades, y
nunca debe estar encasillada en lo que la sociedad nos dice y en lo
que los demás esperan de nosotros. En este sentido Maura es el
personaje menos despreciable y más auténtico de la serie porque,
viviendo una jubilación dorada que se permite el lujo de mantener el
tren de vida de los hijos, ha decidido ser lo que siempre ha sentido
ser toda su vida y por convenciones sociales no ha podido ser en los
pocos años de vida que le quedan: una mujer. Transparent
es un relato abordado desde la ironía, el humor negro, la tragedia,
la comedia ligera, la vergüenza ajena en las actitudes de los hijos
y la hombría
del personaje principal de querer ser, por fin, una mujer. Quizá
otra escritora que no tuviera la sensibilidad de Jill Soloway hubiera
hecho de esta maravillosa obra maestra una comedia ligera de
mariquitas para reafirmación de los heterosexuales adaptados pero
vemos que el texto va más allá, por fortuna, de todos estos
convencionalismos.
No
quiero incurrir en un delito pero pero el lector sabe bien como puede
conseguir esta serie que es lo mejor que se ha producido en mucho
tiempo en el cine por entregas del siglo XXI. Es una serie muy cómoda
de ver, 10 capítulos de 30 minutos cada uno en esta primera
temporada, y al que de verdad le gusten las series, si tiene una
mente abierta hacia la alteridad, la va a disfrutar. A esto le pongo
el cuño.
26 enero 2015
Una brizna de calor
| Lago Saimaa en Imatra al norte de Suomi. Foto cedida. |
A
lo largo de mi vida he conocido a mucha gente que se puede calificar
como fría. Son gente que vive principalmente de los halagos
calculados, las palabras como te quiero o me gustas son
puro artificio instrumental, les vales hasta que obtienen lo que
quieren de ti, muchas son absolutos vampiros emocionales y seres
tóxicos, y están muy dadas a que cuando las necesites te cuentan
aquello de a ver si nos vemos cuando pasen estas fechas que
suelen ser navidades, semana santa, carnavales, las romerías o el
concierto de la Sinfónica que como ya sabemos es un buen lugar para
dormir en la dársena pesquera. Jamás quedarán contigo pero siempre
que te vean lo repetirán por si algún día les haces falta. Decía
Jonathan Swiff que en el mundo cuando una persona brillante suele
sobresalir sobre las demás se las puede conocer bajo este signo:
todos los necios se conjuran contra ella. Entiéndame el
lector que no me estoy poniendo por encima de nadie, he tenido mis
necedades que han sido las justas, pero este mismo aforismo se puede
aplicar a la frialdad de esos seres vampiro que te chupan hasta el
alma si pueden. Y cuando hablo de alma me refiero a esos maravillosos
procesos neuronales, muchas veces son guerras internas, que ocurren
en un cerebro dividido en tres partes que van emergiendo desde los
estratos antiguos hacia los más modernos situados en el lóbulo
frontal y que las farmacéuticas ocultan sus investigaciones porque
el negocio de las enfermedades crónicas les dan muchos billones de
dólares.
Hay
un sitio que todavía es más frío que esto pese al calentamiento
global: los países nórdicos. Finlandia, Suomi como lo llaman sus
habitantes, es uno de ellos. Para los que somos del sur son lugares
duros pero increíblemente bellos. La naturaleza es exuberante,
puedes salir al bosque a coger setas, la educación es una de las
mejores del mundo a pesar de que ahora todo el mundo la critica porque,
para mi en buena hora, los niños deben de dejar de dar importancia a
la caligrafía en un mundo que se comunica ya con pantallas, donde
hay empresa como Rovio en la que la creatividad de este sistema ha
hecho de los Angry Birds un emporio mundial y donde el
Ministro de Finanzas echa la culpa del 2,7 por ciento de paro a Apple
y a Steve Jobs pues con el invento del iPhone se hundió Nokia y con
el iPad se imprimen menos periódicos, las papeleras de Suomi son las
mejores y más productivas del mundo con bosques que van regenerando de manera organizada,
y que según el New York Times estima que su última edición
en papel saldrá en el año 2020.
Gracias
a las llamadas nuevas tecnologías pese a que ya llevan años
y están perfectamente asentadas en un mundo cada vez más global y
cruel con la internacionalización del terrorismo, encontré a una
amiga que llevaba diez años sin saber de ella. Nos dimos cuenta que
los dos atravesamos circunstancias parecidas y recordamos cuando hace
una década cerrábamos todos los bares nocturnos de La Laguna y
abríamos los primeros de la mañana. Ella y yo descubrimos que no
sólo no estábamos para esos trotes ahora sino que compartíamos
cosas comunes: el daño que produce la frialdad humana que al de ella
hay que unir un clima duro pues puede estar a menos diez grados en su
jardín o que a las tres de la tarde ya haya oscurecido. Nos agradó
encontrarnos después de tantos años.
A
más de seis mil kilómetros de distancia es más que probable que no
nos volvamos a ver nunca pero que nuestros tránsitos vitales en
busca de la estabilidad emotiva hayan coincidido para mi ha sido un
honor. Antes el tránsito era cerrar y abrir bares, ahora es mucho
más complejo. Lo que me parece una verdadera putada de la vida es
que una persona que considero que tiene honor, que es leal con los
amigos hasta la muerte, que sus palabras son sus pensamientos y que
hablar de manera instrumental para aprovecharse de la gente es algo
que no entra ni de refilón en su forma de entender la vida y las
relaciones esté tan lejos de mi o yo de ella porque encontrar una
persona con valores es cada vez más difícil. Desde aquí le digo lo
que alguna vez ella me ha dicho cuídate tú que yo desde aquí no
puedo.
Dedico
esta entrada a mi amiga Hanna, la Rubia del Círculo Polar, por
aquellas noches que casi nos bebimos toda Malasaña y luego las
continuamos por La Laguna.
17 enero 2015
El pufo de las prospecciones
Hace
unos meses me había prometido a mi mismo, por cuestiones de salud y
asepsia mental, que no iba a hablar en mucho tiempo de política o
que quizá no lo haría nunca más. Sin embargo, si no digo esto
después de la carcajada que solté hace unos días cuando Repsol
decidió dejar las prospecciones frente a las costas de Fuerteventura
y Lanzarote porque, según ellos, lo que hay allí abajo es de mala
calidad y no es rentable extraerlo es que reviento.
Saber
qué había allí debajo había que saberlo de una manera u otra.
Aquí hasta el más ecologista, por activa o por pasiva, vive y
consume petróleo de una manera directa e indirecta y en las próximas
décadas se va a tener que extraer crudo de los sitios más
recónditos del planeta porque el sistema va a explotar al máximo
este recurso y porque conozco muy poca gente que esté dispuesta a
bajar su ritmo de vida para ahorrar este recurso y que piensa que
esto es un límite en su nivel de vida cuando la mayoría de las
cosas que tenemos y compramos son innecesarias y superficiales. La
mayor parte del petróleo que consumimos viene de países de África
y Sudamérica donde las multinacionales del petróleo han asesinado a
miles de persona y reventado sus recursos a niveles terroríficos
pero para nosotros ese petróleo, al que recuerdo que no estamos
dispuestos a renunciar, no tiene cara y ahora menos que casi todas
las gasolineras son de autoservicio. En Canarias éramos especiales y
teníamos que aceptar la pregunta del referéndum de Paulino Rivero
que nunca se llegó a celebrar y que hablaba de elegir entre las
prospecciones y el modelo actual de las islas: el de la construcción
parada y el del turismo repugnante y de baja calidd que nos ha
llevado a tasas de un 38 por ciento de paro.
Ben
Magec era una organización de vanguardia social y económica en las
islas hasta que ésta a sido controlada por partidos como Sí Se
Puede en Tenerife o Nueva Canarias en Gran Canaria. Ha sido penoso
que, junto con la organización estrella de la ecología Greenpeace,
hayan jugado el papel que han jugado aceptando dinero de CC, de los
Cabildos de Fuerteventura y Lanzarote, y reuniéndose con un
ecologista de última hora como el Presidente Paulino Rivero que
aprovechaba el tema de las prospecciones para postularse por tercera
vez a la Presidencia de Canarias y con el que, vergonzosamente, han
tenido varias reuniones. Penoso todo esto.
No
hay petróleo en las islas que valga la pena explotar, Repsol se va a
otros sitios donde pueda cometer genocidios, se han gastado millones
en recursos en campañas manipuladoras y engañosas hacia la
población por las dos partes, la de Soria y Rivero hasta hace 4 años
eran buenos socios de gobierno, y aquí cunde el contento de que allí
debajo no haya nada cuando lo que debería es cundir es la vergüenza
de que sectores que se consideren progresistas le hayan seguido el
juego a CC que, no olvidemos, lleva dos décadas depredando de este
pueblo y huyendo de todo lo que significara Democracia Participativa.
Y mientras Paulino Rivero, su principal promotor, nos ha colado por
la escuadra el destrozo del puerto de Granadilla pero no sólo el
atentado que se está haciendo en el mar sino en las cientos de
canteras ilegales que ha proliferado por el sur de la isla de
Tenerife. El tiempo debería poner a todo el mundo en su sitio pero
no nos olvidemos de un detalle: esto es Canarias el paraíso de la
sin vergüenza. Pronto nadie se acordará de esto.
31 diciembre 2014
Saltando en los charcos
Según los antropólogos, hay un puñado
de gestos humanos que se podrían
considerar universales e interculturales. Expresiones
como las de asentir, discernir, saludar, despedirse o mostrar el asco
si bien no son idénticas en todas las culturas si que pueden ser
comprendidas por personas de costumbres o modos de vida diferentes.
Luego está, sin duda, el gesto de que cualquier niño de cualquier
parte del mundo que cuando ve un charco querrá saltar dentro de
éste. No les voy a hablar del relativismo cultural sino de lo que me
pasó hace pocos días caminando por las calles del centro de La
Laguna. Había estado lloviendo hacía pocos minutos y la gente
aprovechaba que se había quitado la lluvia para seguir su camino,
sus compras en realidad, y como a mi no me gustan los paraguas y no
salí preparado de casa para la lluvia estaba mojado por todos lados
menos por uno llamado sombrero pues el que tengo tiene una capa de
Goretex
que hace que el agua se repela. De repente vi a un niño de unos tres
años que se acercaba a una tapa de una alcantarilla donde se había
formado un leve charquito y dio un salto que acabó salpicándome los
pantalones. Mi lema en estos tiempos es que una
raya más o menos en un tigre
es algo que no se nota. Me empecé a reír, miré hacia los padres
que parecían que iban a reñirlo y con un gesto de hombros les dije
que no tenía importancia. Mientras me alejaba, seguramente, el niño
alentado por la picardía de mi sonrisa se quedó un rato saltando
compulsivamente en el charco y estuve un rato riéndome solo. Como me
gusta pasear tarde con las calles del centro completamente vacías vi
varios charcos parecidos a los que tanto divirtieron al pequeño y me
puse a saltarlos como él hizo esa tarde. Debo reconocer que esta vez
iba mejor equipado: llevaba botas de montaña, gabardina y gorro.
Durante
la vida hacemos no sólo charcos sino que me atrevería a decir que
hasta lagos y mares de lágrimas. Si son pequeños saltamos sobre
ellos y seguimos hasta el siguiente intentando pisar siempre tierra
firme tratando de huir de aquellos que son mayores para no ahogarnos
con ellos hasta el cuello. Este es un mundo de traición, de palabras
falsas, de mentiras de todo tipo, de falsa felicidad, de hacer lo que
los otros quieren que hagamos y no lo que nos da la gana, de
relaciones falsas y de empatía nula. He decidido que la risa que
vale es la de los niños, que pronto serán adultos como todos
nosotros con nuestras imperfecciones, antes que las risas falsas que
veo en mucha gente mayor provocada por placebos como el alcohol, las
compras compulsivas, el sentarse en una terraza con una botella de
cava barato metido en un cubilete como algunas veces he visto, de la gente que le gusta ostentar con su ropa cara comprada en
oulets
o exhibir teléfonos que les quedan grandes como si de repente un
marido torpe en la cama aparece con el pene de un actor porno al que
no sabrían manejar porque se les queda grande
en todos los sentidos.
La vida
es, básicamente, dolor. El negocio del siglo son las farmaceúticas
que les interesa tener cronificadas enfermedades como la depresión,
el sida o determinadas patologías porque lo que deseamos los humanos
es saltar en los charcos pequeños que nos salpican antes que
hundirnos en océanos de lágrimas que nos ahogan. Nos enseñan
conocimientos como las matemáticas, sin conectar con la música, a
leer y a escribir, sin jugar con la poesía de las palabras, pero en
esta sociedad no se nos dan pautas para tener una mínima
inteligencia emocional y sí a abandonar la sinceridad de un niño
por la hipocresía de un adulto que tiene que demostrar que es feliz
aunque las farmacias están llenas de docenas de marcas de
antidepresivos. La educación destruye la creatividad de un niño y
nos hace adultos conformistas, consumistas, presuntuosos pero,
irremediablemente, infelices.
Definitivamente
ahora ando buscando al niño que dejé de ser hace ya algunas décadas
como, por suerte, he vuelto a encontrar a mi amiga Isabel, Nona para
sus amigos, que reencontré estos días después de un
distanciamiento, con una buena de cosecha de dolor por cada una de
nuestras partes, y a la que dedico esta entrada de este blog.
27 noviembre 2014
Lágrimas en la lluvia
Yo
no sé si a usted le pasa como a mi pero cada vez que escucho el
diálogo, por supuesto en versión original, de cuando el Replicante
le salva la vida en el último segundo a Harrisond Ford en esa
maravillosa película de 1982 que el tiempo ha tratado tan bien
llamada Blade Runner se le ponen los pelos de punta y los ojos
vidriosos. I've seen things you people wouldn't believe. Attack
ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in
the dark near the Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in
time, like tears in rain... Time to die. Son los últimos
momentos de una vida construida artificialmente por ingeniería
genética con fecha de caducidad, el personaje que interpreta Rutger
Hauer, para trabajar en las minas interestelares y que en toda la
película no ha mostrado ni un signo de piedad salvo este cuando ya
sabe que su final es cuestión de minutos y le perdona la vida al que
lo buscaba para eliminarlo.
En
estos días de lluvia vi a un tipo llorando por la calle mientras
caminaba y todos tratábamos de no mojarnos refugiándonos en
portales o huyendo del agua bajo paraguas. Vestía bien, estaba
aseado y no era el tipo de persona que enseguida hubiéramos
asimilado a un enfermo mental. No le importaba que lloviera e iba por
medio de una peatonal de La Laguna con la cara empapada pero se
notaba que estaba llorando porque sus gestos faciales describían el
llanto. Agazapado en un portal lo vi pasar sin atreverme a acercarme,
ni preguntarle que qué le pasaba, si podía ayudarlo en algo, si
quería mi teléfono para hacer una llamada o si necesitaba un
abrazo. Simplemente lo vi alejarse hasta que se convirtió en un
punto diminuto y me puse a mirar cómo corría el agua por el
alcantarillado y pensé, como un estúpido, que en esas aguas iban
también perdidas sus lágrimas. Me acordé de Blade Runner y
de la secuencia que le digo.
En
esta sociedad hace falta más empatía, lo que un gran profesor que
tuve en la facultad nos enseñó con el concepto de Emmanuel Lévinas
de alteridad. Y lo digo como una crítica general porque me
incluyo ya que yo sí percibí que había una persona sufriendo
delante de mi y me pareció lo más lógico no mojarme que
simplemente preguntarle si necesitaba algún tipo de ayuda. Como el
Replicante de Blade Runner todos tenemos una fecha de
caducidad pero con la ventaja de que sabemos cuando empieza pero no
cuando acaba con lo cual todo instante debería ser una oportunidad
para disfrutar. Esto, desgraciadamente, no suele pasar. Desde que vi
a ese hombre llorando bajo la lluvia hasta que he escrito estas
letras no he parado de pensar en lo qué estaba pasando en aquella
mente para que estuviera sufriendo de aquella manera ajena al resto
del mundo. He pensado en lo terrible que es cuando nuestro cerebro
enferma, no es capaz de controlar sus emociones y cómo desde
fuera nos cuesta comprender el sufrimiento ajeno.
Este
post está dedicado a mi amiga Lucy que sabe mucho de filosofía, que
domina la alteridad y que es la persona más inteligente y generosa
que he conocido nunca. También es fan como yo de esta película.
24 noviembre 2014
Happiness
Si
acaso existe la felicidad no se encuentra al final del viaje
sino que se haya agazapada en pequeños retazos que se nos escapan
porque estamos mirando el final del camino y no el tránsito. Ahora
que hasta la marca de refrescos que pensamos todo el mundo se ha
inventado El Instituto Coca Cola de la Felicidad
(sic, aunque me niego a enlazarlo para no darles más publicidad de
la debida) vemos que esta es una palabra completamente vacía. Tan
vacía como decir amor,
patria, madre
tierra, ecologista,
democracia o un puñado
de lentejas: la cantidad de este
puñado depende del tamaño del puño, de la lenteja, de cómo se
cojan, de cómo entendamos el concepto de puñado o de si en realidad hay lentejas para recoger. Nunca
he sido feliz en toda mi vida, pero sí que he pasado buenos momentos
con gente buena y malos por mi tozudés o porque mucha gente son el
sinónimo de deslealtad y traición. Les cuento algo que vi hace poco
por unas calles de mi ciudad y que me hicieron feliz
no por mirar el final del camino sino por el tránsito de éste.
Paseaba
por las calles peatonales de La Laguna con un amigo y su perro y
vimos, frente a una óptica que tenía un anuncio que era un espejo
en forma de gafas gigantes de una marca comercial de lentes, a dos
chicas de 15 años subidas al banco que estaba justo fuera de la
tienda. Estaban con sus teléfonos móviles buscando una posición
adecuada para salir cada una en un lado del espejo y hacerse una foto
para recordarse como amigas, o como lo que en aquel momento fueran, y
para compartirlas probablemente con sus amigos y difundirlas por sus
redes sociales y mensajería. Me pareció un momento extremo de
felicidad
lo que aquellas dos chicas hacían allí, completamente ajenas a lo
que otras personas mayores hacían y
que
las
miraban
como estúpidas y con caras de hasta molestarles, y no pude sino
esbozar una sonrisa. A mi estas cosas me alegran mucho los días. Lo
que más me molesta de la gente es la mala educación, que tiren
cosas o escupan en el suelo, que se tropiecen con alguien por la
calle y no pidan perdón o que no sepan apreciar una cortesía de
alguien desconocido que sólo pretende ser agradable. A mi esta es la
gente que me amarga el día y no lo que las chicas estaban haciendo,
cosa que por cierto hasta me parecía muy creativa. Los expertos
dicen que aunque vivimos en la era de la imagen pura, ahora todo el
mundo tiene mínimo una cámara de fotos en su bolsillo, muchas de
estas imágenes no sobrevivirán porque son fungibles como los
dispositivos con las que se hacen. Yo estoy completamente de acuerdo
aunque por mi forma de ser, por ejemplo, guardo hasta las fotos que
salen mal con mis cámaras o móviles porque quiero preservarlas no
sé bien para qué. Espero que estas chicas guarden aquellas fotos
que se hicieron frente al espejo
gafa
y que un día dentro de, por ejemplo, 40 años, cuando muchos de los
que estábamos por allí ya no estemos, las puedan volver a mirar
como amigas recordando la felicidad
que sintieron en aquel momento aparentemente intrascendente. Nunca lo
llegarán ni a sospechar pero me gustaría que supieran que por lo
menos uno de los tantos que pasó por allí mientras ellas hacían
aquello
también fue feliz unos minutos contemplando aquel juego.
22 octubre 2014
Hablando del Dolor con 'Six Feet Under'
El siglo XXI ha retomado el relato de ficción por entregas a niveles de la maestría ahora con el lenguaje de este siglo que es la imagen gracias, sobre todo, a esa factoría de crear historias inteligentes llamada HBO. Entre el año 2001 y el 2005, en la temporada de verano de esta cadena de pago en Estados Unidos, se emitió el que podría ser sin duda uno de sus mejores productos llamado Six Feet Under, que en España se llamó A dos metros bajo tierra por eso de redondear el sistema métrico anglosajón con el decimal, con un total de 63 horas de historias originales que jugaban con el dolor de los personajes y el humor negro e inteligente todo bien hilvanado con grandes guiones y una historia entre los vivos y los muertos. Creada por el guionista Alan Ball, que en el año 1999 nos enamoró a muchos con su American Beauty, tras en buena hora dar el salto a la televisión donde pudo desarrollar muchos aspectos interesantes que ya se vieron en aquella magnífica ópera prima.
El
argumento es simple. Una familia de enterradores de la segunda hacia
la tercera generación tienen un negocio familiar en la misma casa en
la que hacen su vida diaria. Viven en el piso de arriba mientras que
en el de abajo y el sótano andan con cadáveres y funerales. El
marido con vida secreta, Nathaniel (Richard Jenkins), muere en los
primeros minutos de la serie en un tonto accidente de tráfico,
mientras su hijo Nate (Peter Krause), llega del Seattle cuna de
Nirvana donde huyó del negocio familiar para pasar las
Navidades y conoce en el vuelo a Los Ángeles al turbulento amor de
su vida, Brenda (Rachel Griffiths), que le gusta experimentar con las
situaciones. Nos enteraremos pronto que la viuda Ruth (Frances
Conroy) estaba engañando a su marido con un vulgar peluquero y que
su hijo David (Michael C. Hall) es un gay que vive dentro del armario
pues no se atreve a reivindicar su homosexualidad aunque esté
profundamente enamorado de un apuesto policía negro llamado Keith
(Mathew St. Patrick) que conoció en una misa de domingo de una
parroquia muy tolerante hacia la homosexualidad. Finalmente está
Claire (Lauren Ambrose), sin duda el personaje más profundo e
interesante y al final nos daremos cuenta que toda la serie ha pasado
por delante de sus ojos, una adolescente que está buscando su lugar
en una sociedad vacía que ya coquetea con las drogas y las
relaciones con tipos indeseables. Claire es el personaje que
podríamos decir que es el más empático y generoso de toda la trama
aunque alguna pequeña misera también tendrá. Cada episodio de los
63 empieza con una muerte, un breve epitafio tras un fundido en
blanco, y es el hilo argumental de cada capítulo. Hay muertes muy
ingeniosas que es imposible que no saquen una carcajada al espectador
como la del Papá Noel que tiene un accidente de moto delante de tres
niños que lo observan incrédulos o la de la ultra religiosa que
sale corriendo de su coche pues cree ver que son ángeles celestiales
lo que en realidad eran unas muñecas hinchables infladas con
hidrógeno que iba a ser usadas en un show pornográfico. En Six
Feet Under vivos y muertos dialogan sin que sean éstos momentos
para el miedo, como cualquier guionista infame hubiera hecho, sino
que tienen una clara tensión dramática y hasta una ironía muy
fina.
En
esta serie los muertos que hablan ya no sufren, son los vivos los que
están abocados al sufrimiento y si tuviéramos que definir esta
serie con una palabra sin duda esta sería la de Dolor. Este
es el dolor de las sociedades modernas que Alan Ball intuyó casi una
década antes que se produjera en forma de Doctrina de Shock,
de la depresión y la infelicidad, de los psicoterapeutas imbéciles
que deberían primero curarse a si mismos, del Prozac y otros
fármacos que se han convertido en el negocio más rentable de las
farmacéuticas en los países donde el temor al futuro ha entrado
duro como ha pasado ahora en el nuestro, del esnobismo de los
restaurantes de sushi y del vacío de valores de gran parte de la
sociedad norteamericana. Se podría decir que es una de las primeras
series que normaliza la homosexualidad dentro de una historia
natural, Alan Ball lo es y uno de los actores secundarios de la serie es su
pareja, no como algo raro y anecdótico a la trama para
reforzar la heterosexualidad sino como parte misma de ésta y al
mismo nivel que los deseos y los sentimientos de todos los personajes
independientemente de cuál sea su tendencia sexual.
El
caminar de los personajes en la serie es el de la búsqueda de la
felicidad pero siempre hay algo que los frena: la traición a la
persona compañera que se traduce en múltiples formas de
deslealtades, la falta de seguridad personal y el no saber decir no a
tiempo, la manera enferma de sentir el sexo, una sociedad sin valores
donde la principal forma de ocio es comprar con tarjeta de crédito,
estar a la última en todo momento para ser el mayor cretino o la
crítica feroz a las galerías y las escuelas de arte que deja
constancia el personaje de Claire que, recordemos, es el más
interesante de todos y que quizá por eso llegará a ser centenaria.
Todo esto se traduce en el Dolor porque los personajes sufren
viviendo en el país que más felicidad del mundo promete según la
publiciadad y se medican para enfermedades mentales que están en el
DSM IV aunque ya haya salido el 5. Todo esto sucede de manera
inexorable como si los personajes tuvieran que que estar abocados a
ese dolor que salen a buscar cuando, a veces, la felicidad está
cerca y sólo hay que pararse para que les llegue en forma de
pequeños momentos que al final son los que importan.
Sin
duda una de las mejores secuencias de toda la serie es el final del
capítulo 3 de la cuarta temporada cuando la familia al completo
decide quemar viejos recuerdos de la casa anclada en los años
setenta del siglo pasado. Let's burn it all!, sugiere
Claire, y la escena funde a una hoguera hecha en el jardín al anochecer. La chica sube a su habitación para poner una canción de
Radiohead, Lucky, y saca su cámara fotográfica para hacer
fotos del momento mientras oímos estrofas como It's gonna be a
glorious day / I feel my luck could change (va a ser un día
glorioso, siento que mi suerte puede cambiar) Todos
miran absortos a la hoguera hipnotizados por las llamas y el
espectador siente que a partir de ahora todo puede cambiar como dice
la canción pero es una falsa esperanza: las heridas son tan
profundas que el dolor avanza con fuerza hacia el gran llanto que es
el final de una serie que tuvo su justa medida y que Alan Ball supo
acabar a tiempo en su quinta temporada y no prolongar
innecesariamente este trabajo como hizo HBO con la bastante fallida
True Blood firmada por el mismo autor. La
clave es la canción de Radiohead, la música en la serie está
siempre muy bien elegida y sirve para sostener el relato, que habla
de un soldado moribundo que recuerda a su chica mientras agoniza
muriendo por defender los intereses del Imperio Norteamericano. Esperemos que la cadena
siga contando con este guionista y director y le encargue un trabajo
más a su medida y no sujeto a las normas de la comercialidad como la
de los vampiros.
Spoiler alert!: Esta secuencia es clave. Si no has visto la serie te recomiendo que no la veas. Si te interesa escuchar el tema de Radiohead Luck pulsa aquí.
Posdata: Dedico este post a esas personas que me han expresado su cariño estos meses, ya sea de manera física o virtual.
20 septiembre 2014
Vamos, que nos vamos
A
día de hoy llevo ocho años y nueve meses, nueve años haría en
enero de 2015, publicando todos y cada uno de sus lunes un artículo
denso. Primero fue en el Canarias Digital, un medio hecho para
mantener la batalla personal de su creador Pepe Castellano y que nos
acabó dejando a unos cuantos colgados cuando su batalla tomó otros
derroteros. En medio abrí este blog, agosto de 2006, para colgar en
él cosas que generaba en aquel primero, en otros medios después y
para este mismo. Luego Enrique Hernández habló conmigo para que
tuviera una sección en el Canarias 24 Horas durante el año que
estuvo de director y que, sin duda, fue el mejor momento de esta
publicación digital subiendo de un puñado de visitas semanales a
miles diarias. Nunca le estaré totalmente agradecido a Enrique la
oportunidad que me dio. Seguí un tiempo más en este medio mientras
se volvía cada día más y más mediocre por la nueva dirección
que, por cierto, me dijo alguna que otra vez que mis artículos
solían ser los más visitados del digital. Como todo lo guardo por
ahí tengo sus correos electrónicos. Como no le debo nada a nadie y
debido al mal trato de mis textos en el Canarias 24 horas lo dejé
para siempre para concentrarme en este blog. De este anterior medio
no tuvieron ni una palabra de agradecimiento conmigo después de más
de cinco años ni fueron capaces de preguntarme que por qué me había
ido. Las miserias se retratan a si mismas. Huelga
decir que jamás cobré un céntimo de allí ni de ningún lugar que
he escrito. Es más, este trabajo me ha costado dinero que jamás le
he debido a nadie.
Este
lunes 22 de septiembre no habrá un texto nuevo y completamente
original en este blog Me Tienen Frito. En principio esto pasará
durante varios meses y puede que esta decisión se haga completamente
definitiva y tal vez no vuelva a escribir en mi vida o si lo hago
será con otro proyecto y otras cosas. Puede que regrese, ahora no lo
sé. A los que me han odiado durante este tiempo, a ciertos amigos y
conocidos que perdieron la amistad conmigo por sectarios y por mi
convicción de no callarme las cosas, celebro que estén contentos y
me alegro por su júbilo. A las personas que me han mostrado su
cariño durante años les doy las gracias desde aquí. Me gustaría
particularizar pero prefiero no hacerlo porque la lista sería un
poco larga y no quisiera dejar a nadie fuera.
Ahora
estoy en una etapa personal un poco particular y me he dado cuenta
que tengo que pensar en mi mismo, en mi salud que no anda muy bien, y
quizá sea ahora la sociedad la que tenga que hacer algo por mi en
lugar de yo por ella. Me voy, repito que no sé por cuánto tiempo,
pero el archivo de este blog nunca desaparecerá y el correo de
contacto y las redes sociales asociadas a este seguirán activas.
Adiós, o hasta pronto, y gracias por todos estos años de ilusión
de que cada lunes mis palabras produjeran molestia o alegría, si
lograban leer los peñazos que escribía hasta el final, pero nunca
indiferencia.
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