07 julio 2014
Todo es ETA
31 octubre 2013
Estrasburgo, las víctimas y la doctrina Parot
27 mayo 2013
La caverna de Aznar
El 14 de marzo de 2004 José María Aznar López salió del gobierno por la puerta grande de las cloacas del estado ante la derrota de su mandado designado a dedo, Mariano Rajoy Brey, por un incapaz como José Luis Rodríguez Zapatero al que los electores le dieron la victoria por ser un mal menor en lo que estaba sucediendo. Hay que recordar el contexto: ante el mayor atentado terrorista de la historia de España llevado a cabo por Al Qaeda el 11 de marzo, que dejó sobre la mesa del despacho de Aznar casi 200 muertos como culminación de haber sido el lacayo de su amigo George Bush en la Segunda Guerra de Irak, el gobierno del PP comenzó una campaña de intoxicación y mentiras de destrucción masivas en un intento burdo, patético y a la desesperada de convencer a la ciudadanía que la autoría de dicho atentado recaía en ETA que tuviera validez al menos los cuatro días posteriores al atentado. Aznar abandonó La Moncloa desarrollando un complejo de resentimiento contra todos y contra todo, llamó a ciertas puertas para que le contrataran en trabajitos bien remunerados, Endesa, Rupert Murdoch y el buffet de abogados DLA Pier al que pagó 2 millones de dólares de nuestros impuestos para que el Congreso Americano le diera una medallita para alimentar su ego por haber sido el lameculos de Bush, se afeitó el bigote y volvió a ejercer del chico falangista que siempre fue antes de que le diera por la política y acatara una Constitución a la que siempre criticó.
31 octubre 2007
SENTENCIA DEL JUICIO DEL 11M
Mucho se ha hablado, y se seguirá hablando, después de aquellos tristes días de marzo en los que nos vimos envueltos en el mayor ataque terrorista en suelo europeo tras la Segunda Guerra Mundial porque unos sanguinarios iluminados quisieron salpicar de muerte al errado cambio de política internacional que hizo Aznar para meternos de lleno en la Guerra de Irak cosa que por aquí apenas nadie quería. Esta sentencia trata de hacer justicia, en la medida de que los 191 fallecidos nunca les serán devueltos a sus familias, hasta donde el Estado de Derecho ha podido llegar y al que siempre hay que pedirle más. A pesar de lo contundente del preámbulo que despeja toda duda de la autoría de ETA lo más posible es que no se conseguirá acallar los rumores del burdo montaje que, conocido como teoría de la conspiración, ha alimentado la ultraderecha del PP y el sector mediático que lo mantiene hasta crear un ambiente guerra civilista que recuerda mucho a la caída de la República en 1936. Con esta sentencia se sentencia a los asesinos pero no se conseguirá apagar nunca los ecos de esta teoría conspiratoria. Prueba de ellos son las primeras declaraciones de Mariano Rajoy volviendo a insistir mezquinamente en que desde el PP se apoyarán otro tipo de investigaciones posibles sobre el atentado.
En todos y cada uno de los 1.329 días que han pasado desde la terrible matanza el Partido Popular, diarios como El Mundo, radios como La COPE y centenares de libelos publicados editorialmente se han dedicado a crear una burda patraña que ha tratado de implicar a ETA en los atentados de Atocha. Esta estrategia se ha hecho no sólo para salvar la cara del gobierno de entonces sino porque en todo este tiempo los altos dirigentes del PP no han digerido el trago de que el 14 de marzo perdieron las elecciones. En los días previos a esta sentencia fallada, sin embargo, la estrategia de la ultraderecha que manda en este partido ha sido la de desmarcarse de toda la vergonzosa trama y decir que como buen partido democrático el PP respetará siempre las sentencias que vienen desde instancias judiciales. Hasta un mentiroso patológico como Ángel Acebes, que era Ministro del Interior cuando el atentado y si hubiera militado en una organización más decente alguien se hubiera encargado de expulsarlo del partido y no de promocionarlo hasta número dos, ha llegado al culmen del cinismo estos días al decir que el PP no ha utilizado electoralmente el terrorismo cuando no han hecho otra cosa en todo este tiempo.
Este juicio y el hecho de que ya haya una sentencia firme ha sido muy importante no sólo porque el objetivo es hacer justicia a las víctimas y sus familias sino porque es un ejemplo a seguir en esta guerra que, provocada porque vivimos en el momento más injusto de la historia de la humanidad en un mundo donde más de 4 mil millones de personas viven en la miseria mientras que sólo unas cuantas miles controlan más del 70 por ciento de las riquezas del planeta, se ha declarado contra el terrorismo radical de corte islamista internacional. Sin ningún tipo de exclusión ni limbo legal como Guantánamo los imputados, que no son todos lo que debieran estar pero los que están son los autores en diversos grados de la matanza, han gozado de todas las garantías legales y procesales que un Estado que se dice de Derecho tiene obligación de dar y ha dictado una sentencia que tratan de ser ejemplar y justa. La justicia española, sin duda, tiene sus defectos. Es de destacar que hasta 1975, hace sólo 32 años, todavía se condenaba a la pena de muerte por garrote vil sin ningún tipo de garantía jurídica a presos anarquistas por orden de un dictador agónico. Sin embargo, con la sentencia de este juicio no sólo la justica de España ha cobrado un inmenso prestigio sino que ojalá países como Estados Unidos, Inglaterra, Marruecos, Argelia, Irak y demás que han tenido atentados en una línea idéntica al de Madrid, incluso aquellos que desgraciadamente en los próximos años los puedan tener, se miren en ella para resolver y sentenciar los atentados que allí se puedan juzgar. Querámoslo o no, creamos en un estado fuerte o en la disolución de éste, en estos momentos el único sistema que tenemos los seres humanos para hacer justicia en estos casos es un sistema judicial garantista más o menos del estilo que ha emitido esta sentencia. Mientras busquemos formas para cambiar este mundo busquemos profundizar en lo bueno que tiene este sistema para mejorarlo.
El juicio del 11 M ha sido muy intenso no sólo por lo que allí se juzgaba la mayor matanza en la Europa contemporánea, sino porque a él acudieron determinados abogados en representación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y otros que trataban de vincular a ETA en los atentados de las maneras más torticera y extravagantes posibles llegando hasta la manipulación de las pruebas por parte de alguno de los letrados. El juez Javier Gómez Bermúdez, consciente desde el primer momento del papel de estrella mediática que habría de tomar para que éste no se le fuera de las manos, se mostró duro y estricto como no debía ser de otra manera. Que ahora esta sentencia haya salido por fin ha dependido de que las sesiones del juicio hayan sido las que fueron y no se dilataran en el tiempo, como pretendía los integrantes de la teoría de la conspiración, que hubiera hecho que algunos de estos culpables hubieran tenido que salir de prisión por garantías judiciales.
Hay una cosa que muchas veces se han olvidado tanto el Gobierno, como el PSOE, el PP y los medios en general. Este juicio ha sido hecho porque el sistema del Estado de Derecho tiene que mostrarse inflexible y obrar con justicia ante matanzas de este tipo. Los muertos no deberían nunca quedar impunes. Este derecho es algo que a las víctimas del atentado les debemos todas y todos en tanto que formamos parte de esta sociedad. Allí se juzgaba estas 191 muertes y las secuelas de miles de heridos y no otras cosas. Desde aquí deseo mostrar el más de lo humildes respetos por todas estas personas que han tenido que sufrir cada minuto del juicio por el cinismo de los asesinos, el malsano interés de los partidos y sus representantes, la desfachatez de algunos abogados, los inultos de algún miembro de la AVT y los intereses mezquinos de muchos medios de comunicación. Pese a toda la basura mediática y política que ha habido sobre este tema parece justo recordar ahora que los que se juzgaban eran asesinatos y no una guerra política que ha hecho mucho más daño a las víctimas que, si cabe, el propio atentado.
15 enero 2007
LEMAS Y MANIFESTACIONES
Las manifestaciones son, ni más ni menos, que muestras, como si fueran radiografías médicas, que sirven para evaluar un momento o un sentir determinado de la sociedad o de parte de ella. Luego éstas pueden estar organizadas con más o menos mala intención, pensemos en las que le gusta montar al PP y a la conferencia episcopal como buena ultraderecha que son a base de bocadillos y guaguas para traer a todo dios hasta Madrid, y pueden expresar o no buenos sentimientos o causas justas. En este sentido las convocadas por
El partido popular, pese a haber exigido un cambio de los lemas de las dos manifestaciones y haberse hecho esto, no acudió a ninguna argumentando las excusas más torticeras que se hayan dado nunca en la historia de la democracia reciente. Sin duda el PP no desea el final del terrorismo de ETA porque todo el discurso que han montado después de los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2004, que ha consistido en un feroz ataque al PSOE con cuestionamientos de su legitimidad para gobernar incluidos, está configurado en torno al terrorismo de ETA y en hacer creer, todavía de manera tristemente tenaz, que aquéllos estuvieron organizados por los separatistas vascos y no por radicales islámicos. Si ahora el terrorismo desapareciera de la sociedad española el partido popular se quedaría totalmente vacío y sin discurso y hasta Ángel Acebes que siempre tiene una respuesta mentirosa y cínica para todo, y cuyos asesores deben de ser miembros honorarios de la secta esclavos de cristo como él, se quedaría mudo.
Lo que ha sucedido la semana anterior al sábado 13 referente a las disputas por los lemas de las manifestaciones para incluir al PP y excluir a Batasuna ha sido algo realmente patético. Batasuna ha tenido tiempo y se le han dado miles de oportunidades para desmarcarse de ETA y pedir que acabe el terrorismo, sobre todo después del atentado del 30 de diciembre en Barajas. Sus dirigentes no lo han entendido así y se han acabado auto excluyendo del proceso de paz y de la mayor parte de la sociedad a la que dicen pertenecer. Probablemente muchos de sus militantes que quieren que acabe el terrorismo deben estar muy decepcionados con la dirección por esto mismo. Además a la marcha que en principio había sido pensada por
El peso de la inmigración es tan fuerte en España que no sólo ésta ayuda a que el PIB crezca por encima de la media europea, que la población aumente, que se evite el peligroso envejecimiento al que el país estaba abocado, que hayan más cotizantes a la seguridad social y que sus impuestos sirvan para pagar la sanidad o la educación sino que, además, están muriendo en atentados porque la basura que se dedica al terrorismo busca sólo presas fáciles y atentados de impacto mediático. El 11 de marzo murieron por las bombas de Al-qaeda en los trenes de Madrid 6 trabajadores ecuatorianos y en este último atentado de ETA cayeron dos personas de esta comunidad. Unas víctimas que vienen a trabajar a España como salvación a las penurias y al hambre que pasan en sus países y que como es el caso de uno de los asesinados por ETA, que trabajaba en Valencia, toda una familia dependía en el Ecuador del dinero que este hombre mandaba y que se ganaba trabajando honradamente todos los días de la semana. Estas son unas víctimas que, lo más seguro, la ultraderechista formación AVT rechazarán porque en el fondo no son de su clase y por eso no les invitan a sus concentraciones en donde se exhiben todo tipo de simbología fascista y se gritan consignas nazis.
Mirando los antecedentes de otras protestas por el estilo en Madrid la manifestación del 13 fue bastante reducida: parece que habían como 175 mil personas. Sin duda toda la polémica suscitada los días antes y el enmierdamiento que el PP lleva haciendo sobre la vida pública estos casi tres años han podido más en los ánimos de la gente que todas las ganas de protestar. Además los organizadores, la asociación de asociaciones de ecuatorianos gestionada con humildad y buen hacer por Santiago Morales un indígena que viene de la lucha social en su país y que huyó hasta España por persecuciones políticas, no tenía la capacidad de Esperanza Aguirre o de Gallardón para fletar guaguas y traer manifestantes de toda la geografía española como suelen hacer en connivencia con los obispos cuando hay que protestar porque la familia está herida, según estos falsos guardianes de las buenas costumbres, cuando se reconoce el derecho a que dos personas del mismo sexo se puedan casar.
El éxito o no de una manifestación es siempre relativo, se pueden dar siempre argumentos a favor en contra de una de las dos posturas. En Canarias sabemos muy bien de esas cosas cuando en Tenerife ha habido cada noviembre de los últimos tres años manifestaciones en contra de la construcción del puerto industrial de Granadilla que han tenido una media conjunta de 70 mil personas y han recibido un silencio mediático escandaloso mientras que otra que pedía una ley de residencia para el archipiélago, y que era apoyada por la ultraderecha fascista, llenó páginas y horas de televisión y radio. El caso es que en el sistema de cosas actual una de las pocas fórmulas que nos dejan a los ciudadanos para participar activamente en un sistema cuestionablemente democrático es la de manifestarnos de forma libre en las calles. De seguro que si las personas pudiéramos intervenir más directamente en la vida política, y no delegando en personajes como un Zapatero que por su buen rollito ha perdido una oportunidad única de acabar con ETA al estar más pendiente del PP que de abrir el dialogo y de un segundón manipulado por Aznar como es Rajoy que cada vez que habla escupe mierda, el tema del terrorismo vasco ya se habría acabado hace mucho tiempo porque los ciudadanos estamos más preocupados por vivir mientras que los políticos lo están por sacar rentabilidad a todo lo que hacen.